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Francisco Camps, ahora ex–presidente de la Comunidad Valenciana, después más de dos años de pregonar a los cuatro vientos su inocencia en uno de los casos de corrupción más grandes de la historia de España, en el que todos, desde la clase política hasta la prensa, pasando por la sociedad civil y la policía, sabíamos desde el principio que era culpable, ha decidido renunciar a su cargo. Pero no lo hizo limpiamente, avergonzado y entregándose a la justicia, como debería haber hecho al instante de hacerse públicos los hechos, más de setecientos días atrás. No.

Protagonizó una jornada de negociaciones, a gritos, con su partido – seguramente el próximo partido que gobernará el país -, durante la que barajó seriamente la posibilidad de declararse culpable, a fin de evitar que un juicio escandaloso empañe lo que se supone que será una victoria fácil en las elecciones del próximo otoño, forzando a esa declaración de culpabilidad a sus subordinados – cómplices – más cercanos. No contento con el escándalo, teniendo al Tribunal Superior de Justicia de Valencia esperándolo a la hora del cierre, decidió a último momento no hacerlo.

Ahora bien, a mí me preocupan seriamente algunos puntos:

  • Por un lado, la derecha Española, supuestamente intolerante con la corrupción, seria y recta, no solamente continúa defendiendo la inocencia de Camps, sino que se atreve a ponerlo como ejemplo. ¿Como ejemplo de qué?
  • Una persona en la posición de Camps, que considera seriamente declararse culpable ante la Justicia, definitivamente es culpable, diga lo que diga después. Una cosa es que la intención no valga en un juzgado como prueba irrefutable para una condena, y otra muy distinta es que le quieran vender a la sociedad civil que la renuncia como President es un auténtico acto de heroísmo, cuando en realidad es una cesión a la presión de su propio partido y un reconocimiento implícito de su culpabilidad.
  • No contento con esto, Camps aún se plantea conservar su acta de diputado, cuando lo que tendría que hacer es entregarse e ingresar en prisión de forma voluntaria. Eso sí, después de devolver a los Valencianos cada uno de los euros que metió en su bolsillo de forma dolosa.
  • El Partido Popular, a todo esto, después del circo que montó, lo propone adalid de la democracia y la honradez, y se atreve a sugerir públicamente al PSOE que pruebe de la misma medicina.
  • El PSOE, por su parte, es extremadamente cauto a la hora de hablar sobre la honradez de Camps. La discusión pasa por puntos de vista técnicos, y nadie se expresa mediante el sentido común. ¿Por qué dos organizaciones que hacen gala constantemente de falta de lealtad política frente a toda la ciudadanía, en los casos de corrupción son tan amables y consideradas entre sí? Porque el único pacto de Estado que funciona en este país es el pacto de silencio sobre cómo se llenan los bolsillos, todos, a expensas de los ciudadanos.

 

Es lamentable que tengamos que presenciar, como convidados de piedra, el espectáculo vergonzoso de nuestros gobernantes, transformando la honradez en un punto de vista más, que depende sobre todo de la opinión de un Juez y de un montón de informes periciales, más que de la franca deshonestidad con la que transforman las instituciones públicas en sus feudos personales, enviando a otros a robarnos en su nombre, mientras se deshacen en discursos sobre la ética, la honradez y la transparencia.

 

Las manos limpias, sí, pero las uñas negras.

 

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3 Responses to Las manos limpias, las uñas negras

  1. Rosa Suñé dice:

    Fantástico y claro escrito con el que muchos estamos de acuerdo, pero solamente comentamos en la sobremesa de nuestros hogares.

  2. Jane dice:

    Que poder de sintesis. El titulo ya de por si lo dice todo. Y sobre todo
    mucha claridad y lucidez en tu percepcion de lo que pasa en Espania.
    Un abrazo
    Jane

  3. Elsa Esther Salvático dice:

    “Porque el único pacto de Estado que funciona en este país es el pacto de silencio sobre cómo se llenan los bolsillos, todos, a expensas de los ciudadanos.” La misma frase cae perfecta sobre nuestra pobre Argentina. Muy buenos todos tus artículos. Elsa

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