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10155156_10202181909854815_918369398_nLas bodas son una de las cosas más raras del mundo. Aparentemente, todos entendemos lo mismo ante la palabra boda. Son dos personas que se casan. Eso es fácil. Lo entienden así las abuelas de los novios, y lo entienden de la misma manera los sobrinitos, los amigos y los vecinos cotillas. Todos sabemos que de ahora en adelante van a vivir juntos, y se les supone amor, compañerismo, solidaridad y descendencia.

Sin embargo, si nos metemos un poquito más a fondo en la idea, los católicos imaginarán una ceremonia eclesiástica, los gitanos probablemente una fiesta de varios días hasta caer de cansancio, los judíos una ceremonia en su templo, los intelectuales de izquierda una ceremonia civil, y aunque desconozco sus costumbres, probablemente los Indios Navajos bailarán a la luz de la luna con el torso desnudo y la cara pintada, y así cada cual lo que más le guste. Entonces para un concepto tan simple, en el que todos estamos de acuerdo sobre sus implicaciones, es altamente probable que tengamos tantas ideas como invitados.

Y eso es algo que celebrar, porque es parte de lo que nos hace diversos.

Pero no me quiero ir por las ramas. La pregunta que me hice cuando empecé a pensar en qué iba a decir hoy, y la razón de tan extraña introducción, es acerca de qué hace especial esta boda, siendo “boda” un concepto tan universal y sin embargo tan diverso. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué celebramos nosotros hoy?

Después de pensarlo un rato –y espero que no les decepcione mi conclusión-, la respuesta es que no lo sé, pero además no importa. Lo verdaderamente importante es a quiénes celebramos hoy.

 

Javier

Conocí a Javier hace casi quince años. Lo ví cortarse el pelo y dejarse barba. Lo ví ganar y perder kilos. Lo ví cantar. Lo ví buscar un lugar en el mundo, probar Madrid, probar Londres, volver a casa. Nunca le agradecí el haber traído a mi vida a quien hoy es mi mujer y la madre de mis hijos, y sobre todo nunca le dije la emoción que me produce verlo con sus sobrinos, escucharlos, regalarles tiempo, atención, pizza casera y música. No es el talento lo que hace a los artistas. Probablemente el talento sea lo que les proporciona reconocimiento, pero lo que los constituye, los motiva y los define es la sensibilidad. Javier está hecho de eso. Javier es eso, y mucho más que, por suerte, no hace falta decir.

Javier es, sin duda, un artista, un amigo, y el mejor compañero para Pilar, y sin ninguna duda será un gran padre.

Hoy, yo quiero celebrar a Javier.

 

Pilar

Ví llegar a Pilar a la familia Molina. Fué como abrir una ventana en verano. Llegó con ropa celeste y negra, a veces, con dos ojos abiertos, claros, curiosos, acompañados por una sonrisa hecha de dientes blancos, con una brisa suave que alborotaba el pelo. Pilar no tardó nada en hacerse parte del todo. En seguida se sumó a las bromas familiares durante el café. Y lo hizo sin renunciar a nada, sin dejar de ser ni un poquito de Pilar. Hablábamos antes de los artistas, y no puedo no redundar. Hablaba de la sensibilidad y de la amistad. Pilar hizo un desparramo de ambas. Y si tuviese que elegir un momento, ese sería el día en que uno de mis hijos la eligió como madrina, porque para mí, una persona que naturalmente y sin esfuerzo se gana de lleno el corazón de un niño merece todos los elogios de este mundo.

Hoy, yo quiero celebrar a Pilar.

 

Pilar y Javier, Javier y Pilar

No me gusta meter a la gente en una bolsa de gatos. No podría hablar de la pareja. Para mí, siempre se trata de dos personas. Pilar y Javier, Javier y Pilar. Parece que celebrar el amor es hablar siempre de grandes gestas, de historias que merecen ser reveladas al mundo por su enorme fuerza simbólica. Y seguramente es así. Seguramente cada uno de nosotros, en sus historias de amor privadas y personales, tiene ese componente de heroísmo que hace posible la convivencia.

Pero el amor de verdad está hecho de pedacitos, de cosas chiquitas, de respuestas a preguntas cotidianas. El amor no es conquistar un continente desconocido para ofrecerlo a la persona amada, sino sostener su mano mientras le duele el estómago, hacer por ella lo que no harías por otros. El amor es festejar todos los días el mismo rostro, el mismo par de manos, los mismos ojos, los mismos labios que dicen las mismas cosas y besan los mismos besos. Y finalmente creo que eso es lo que celebramos hoy: que Pilar y Javier aprendieron durante los últimos años a quererse, a estar juntos, a esperar del otro nada menos que lo que el otro es, a combinar sus talentos, a compartir sus carencias, a dibujar juntos una vida que sin duda es y será mejor que la que tendrían por separado. Hoy celebramos que ellos dos juntos hacen pan y ríen, duermen y yacen en la misma cama, que se regalaron el uno al otro las respectivas familias, los respectivos amigos, que inventaron un ritual propio para casarse, para decirse que sí, mi amor, quiero vivir mi vida contigo, que junto a familia y amigos están, hoy mismo, en este lugar, redefiniendo un nuevo concepto de boda, solo para ellos, solo para todos nosotros.

Hoy, yo quiero celebrar a Pilar y Javier, a Javier y Pilar, y a todo lo que viene.

 

Texto escrito y leído con ocasión de la boda de Javier y Pilar

Rubí, Barcelona, 26 de abril de 2014

pilux

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One Response to Sobre Pilar y Javier, Javier y Pilar

  1. Francisco dice:

    Sí, si Pilar y Javier han conseguido sobrevivir a esa prueba diaria de la convivencia en pareja, con todo lo que ella entraña. Sí, es una uténtica proeza digna de celebrar hoy día, pues es mucho el egoismo y la intransigencia que albergan el individualismo de la sociedad moderna.

    Mi enhorabuena ha Pilar y Javier

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