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serratHace ya un par de semanas que fui a ver a ver a Joan Manuel Serrat –el Nano, para los amigos– al Gran Rex. Lejos de sumar una crónica pelotuda más a la sarta de boludeces que se escriben y publican cada vez que viene, contando y volviendo a contar lo que todos ya sabemos, y lo que, por alguna razón inexplicable, a los viejos fans nos gusta volver a leer, sentí una necesidad irreprimible de decirle algunas cosas, en primera persona. Como no me gusta parecerme a las viejas ultramaquilladas que le gritan “Lindo!” desde la tribuna, ni a los cuarentones con pancita cervecera –a los que me parezco involuntariamente– que aportan la típica estridencia al grito de “¡Ídolo!”, y tampoco me parece que lo que tengo que decir sea tan trascendental, decidí escupir mis pavadas así, y tirarlas por la red, para que las lea el que se le canten las pelotas, y el que no, no.

Y dice así:

Nano:

Te vi envejecido, Nano. Fui al Gran Rex esperando encontrarte como eras a los veinte, a los treinta, incluso a los cincuenta. Fui para revivir mis emociones en tu voz, para volver a recorrer un camino de más de treinta años, a lo largo del cual crecí con tu música y tus letras. El Gabo, un ilustre entre amigos, decía que un hombre sabe que ha empezado a envejecer porque comienza a parecerse a su padre. Mis padres, Nano, me criaron con tu música, y recuerdo viva en la piel la sensación de picardía, cuando podíamos gritar a voz en cuello aquello de “Niño, deja ya de joder con la pelota!”, a salvo de las reprimendas de los grandes, porque era lo que decía la letra de la canción. Y como todo pasa rápido, diez minutos más tarde estaba intentando engatusar chicas amparado bajo los versos de Penélope o Lucía. Sufrí con Pueblo Blanco, y me llené de rabia con Algo Personal, me emocioné con Llanto y coplas, y la lista sigue y es muy larga, y la conocés mejor que yo.

Así que –regreso– fui al Gran Rex para ver al Trovador que tantas veces me inspiró, para cantar a gritos como un trueno, vestido de nazareno, para correr, correr con mi mujer hasta mi portal.

Y no encontré a ese Trovador.

No estaba ese Serrat potente que hacía vibrar su voz a su antojo.

Primero sentí pena.

Después, me miré en tu reflejo.

¿Y sabés que ví, Nano?

Yo tampoco era ya el adolescente enamorado que descubría tus canciones ahogado en una sopa caliente de sus propias hormonas cocinadas en un Filtro de amor imposible. El Sacristán, el Cabo y el Cura habían muerto, y yo tenía treinta años más encima. Tenía la panza cervecera, menos energía y menos sueños, dos hijos y muchas cicatrices a la espalda. Giré la cabeza, y el camino recorrido se perdía de vista. Llegaba hasta mis padres tomando mate entre amigos, con El niño yuntero de fondo, y las vías del tren que esperaba Penélope estaban abandonadas hacía mucho, llegaba hasta una Argentina en blanco y negro, hasta el principio de la debacle. Llegaba hasta donde, a veces, a todos nos gustaría poder volver.

Pero también, Nano querido, vi que estabas ahí con lo que sos, cargando con tus más de setenta giros alrededor del sol, y que yo también estaba ahí, y el teatro estaba lleno. Supe que estamos vivos, y que todos tenemos la obligación de envejecer lo mejor que sepamos.

Y seguiste cantando. Y me sentí parte. Y parabas de cantar para charlar con el público.

No era un recital. No era un concierto. Era una reunión de amigos, en la que todos damos lo mejor que nos queda, en la que no importa más que el valor de lo que estamos regalándonos.

Y entonces, cantamos juntos: Si se viviese entre amigos / que al menos de vez en cuando / pasasen una pelota…

Y una vez más, todo tuvo sentido, y supe que un día no vas a estar, y yo voy a querer en mis manos levantar una tormenta, de piedras rayos y hachas estridentes, sedienta de catástrofes y hambrienta. Voy a querer escarbar la tierra con los dientes, apartarla parte a parte, a dentelladas secas y calientes.

Nano, solamente quería decirte que para mí no estás viejo. Para mí estás grande, y aunque tu voz ya no se rompa como el cielo al clarear, aunque pueda sentir desde el patio de butacas el esfuerzo que te cuesta seguir cantando, mientras tengas aire y voz, yo voy a estar ahí para escucharte, para pasarte la pelota, para no ir mañana a trabajar y no pedirle a nadie excusas, para ser un soñador de pelo largo, un beso del infierno, para ser unos atorrantes que palpan a las damas el trasero, para hacer camino al andar.

Al final, Nano, descubrí que nada importa si todavía soy capaz de emocionarme, y que después de treinta años escuchándote, yo debería haber aprendido, al menos, que hoy más que nunca, la veteranía es un grado, sin lugar a dudas. Y cuando llegue el momento, no va a hacer falta que me lo pidas. Estaré ahí, cuando y como haga falta, para que podamos, juntos, poner rumbo al horizonte, para, con las manos rotas y agotadas, empujar al mar nuestra barca, con un levante otoñal, y dejar que el temporal, desguace sus alas blancas.

 

Aunque no lo sepas, Nano, sos uno de mis mejores amigos. Gracias por seguir cantando, aún casi sin aliento.

Te abrazo.

pilux

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One Response to Nano, Nano

  1. Rosana Lobato dice:

    Me siento, en parte, representada en tus líneas. La diferencia es que yo nunca tuve dudas… ¡Cómo tenerla ante tamaña obra, de la que conozco todo (en catalán, en castellano, musicalizando poetas, todo) y ante tan hermosa voz, ahora con el desgaste propio de sus 71 años y tres cánceres (el último, en 2013, que sólo dió a conocer discretamente una vez superado), que han contribuído sobremanera a ello. Sin embargo, en los videos de esta gira que hay en Internet, lo he visto entero, con ganas, entregando todo generosamente, porque lo que más le gusta es compartir ese encuentro entre amigos que son sus conciertos. Alguien dijo que iría a verlo a Serrat aunque solo se dedique a leer la guía telefónica en el escenario. No será necesario, porque siempre mantendrá -así lo espero- la capacidad de emocionar como ninguno, esa forma de entonar dando brillo a cada sílaba, tantas cosas… Y espero todavía con ilusión sus próximos trabajos (el último con canciones propias, titulado “Mo” en catalán” no tiene nada que envidiarle a los de sus épocas gloriosas). Gracias por compartir un sentimiento que une a tanta gente.

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