No puede ser que se llame Babilonia. Es una discoteca, y se llama Babilonia. Andrรฉs mira a su alrededor, con la sangre alterada, golpeando fuerte en los tรญmpanos, y entregรกndose sin miedo a una vibraciรณn sorda que reverbera en su pecho al son del compรกs estridente y rรญtmico de la mรบsica.
La imagen es babilรณnica, los techos altos, las luces estroboscรณpicas, el suelo de cemento alisado y las paredes pintarrajeadas de mamarrachos fluorescentes. El alcohol corre en proporciones babilรณnicas tambiรฉn, y babilรณnico es el evidente consumo de drogas psicotrรณpicas, polvos infames y compuestos quรญmicos diversos que los transportan a todos a una dimensiรณn torcida, donde el tiempo se estira y se alarga, y los espacios se comban como peines resistiendo una cabellera frondosa, permitiendo el cruce de miradas, de piernas, de brazos, de torsos hermosos y melenas brillantes.
Y ella es una autรฉntica hembra babilรณnica. Parece bailar en un espacio propio, y en un tiempo distante. Sus pantalones rajados en varias partes revelan piel, y es quizรกs la รบnica evidencia visible, la รบnica prueba irrefutable de su condiciรณn humana. Ademรกs de que no existen, los รกngeles no vienen a las discotecas. Mientras el resto de los mortales entrechocan sus huesos con torpeza, se pisan unos a otros sin querer y se disculpan, a veces torpemente y otras a la persona equivocada, Lisa existe en un plano inmaterial, sus brazos siguen el ritmo de la mรบsica con elegancia, y nadie parece poder tocarla, mientras mueve las caderas y las rodillas y el cuello y sacude la melena roja oscura.
Andrรฉs se acerca. Lisa lo ve, pero no lo mira. Sus globos oculares recorren una lรญnea de puntos distante, mรกs allรก de las paredes, mรกs lejos que la esquina, mรกs oscura que un bosque en abril. Andrรฉs se acerca mรกs. Lisa lo ve menos. Andrรฉs aumenta la intensidad de su danza, ensayando un cortejo casi aceptable para un pavo real, pero brutalmente ineficiente para cachorros de seres humanos. Lisa sonrรญe. Sonrรญe sola, por puro placer de su danza, de las gotas de sudor que bajan por su cuello, del aturdimiento del lรณbulo temporal del cerebro, estresado por la velocidad a la que debe procesar imรกgenes y sonidos, del cansancio de los cuรกdriceps que soportan el eje de gravedad de su danza etรฉrea, de su cuerpo grรกcil, de su esbeltez que se hace una con la mรบsica y figura contra el fondo de cientos de personas todas iguales, todas jรณvenes, todas y cada una de ellas ejerciendo una hipรณtesis de belleza fรญsica y un intento de corporalidad superior a la suma las partes de sus propios cuerpos.
A punto de rendirse, Andrรฉs se planta justo delante de Lisa, y evidenciando la intencionalidad de su movimiento, deja que las manos de ambos se rocen, se encuentren, y suavemente hace prisionero su metacarpo derecho, lo toca, lo vuelve estรบpidamente real. Ella abre los ojos, le dirige una mirada narcรณtica, y รฉl puede advertir el trabajo extra que hacen sus pupilas para hacer foco en su gorro negro, en las manos fuertes, en los labios temblando de terror, en las mejillas afiladas, ajustadas a los pรณmulos. Ensaya una sonrisa trรฉmula, un intento pรกlido de hacer contacto. โHolaโ, dibuja lentamente con los labios, sabiendo que la comunicaciรณn oral es imposible a esa distancia de los subbรบferes que atronan como tanques de guerra, hiriendo los sentidos, penetrando las cajas torรกcicas, sumergiendo el mundo entero en una vibraciรณn palpable, perceptible, fugaz, superflua.
Lisa no parece interpretar el saludo, al menos durante varios segundos. Luego, sus labios se separan y sonrรญe. Sonrรญe con la boca, con la lengua y los dientes, pero tambiรฉn con las mejillas sonrojadas, con los ojos achispados, sonrรญe con los hombros, con el pecho, con las caderas, sonrรญe toda ella, inmersa en su burbuja lรบdica, separada de la vulgaridad de la muerte por un halo serรกfico. โHola, me llamo Lisaโ, dibuja ella, despacio, formando las letras abiertas con labios redondos, revelando un piercing metรกlico que da una chispa inverosรญmil al interior misterioso de su boca. โAndrรฉsโ responde Andrรฉs, y se siente ridรญculo. No pensaba llegar tan lejos. No sabe como seguir, el prรณximo paso le pesa en el pecho como el pie de un elefante gris, como una tonelada de hormigรณn armado que parece mรกs fรกcil de mover que esa muchachita de cincuenta kilogramos y pura magia.
Sin embargo, ella sรญ sabe como seguir. Sus manos trepan hasta las muรฑecas de รฉl, atrayรฉndolo. Lo mira a los ojos. Rรญe y baila. Baila y rรญe. Sonrรญe, dibuja palabras y promete promesas, juguetona, pรญcara, espontรกnea. Andrรฉs no acierta mรกs que a seguir su juego, a perseguirla por un laberinto de intenciones apenas sugeridas y esbozos de posibles encuentros. รl cree estar bailando, pero en realidad lo รบnico que hace es rebotar sobre sus propias rodillas, perdido en el mundo onรญrico de ese par de ojos, en la lengua que adivina voraz y dulce que se atesora dentro de la boca mรกs sensual que ha visto en su vida.
Ella puede leerlo sin esfuerzo, lo ve aguantar el deseo, interpreta como รฉl intenta sin รฉxito traducir la urgencia de su vientre en palabras seductoras. Rรญe, rรญe dulce y con alegrรญa, le rodea el cuello con los brazos y lo besa profundamente, con travesura, con intenciรณn. Para Andrรฉs todo sucede en un milisegundo. Un instante la tiene delante, mirรกndolo, y al siguiente puede sentir como las lenguas mantienen una discusiรณn hรบmeda, sin mรกs argumentos que las ganas de besarse y de probarse, de saberse jรณvenes, de jugar y jugar y jugar.
Y entonces, sin aviso, ella lo aparta suavemente. Le acaricia las mejillas, las dos a la vez, y le dibuja un profundo beso en los labios, sin las groserรญas de la lengua, solamente labios muy dulces. Se separa. Sonrรญe, y sin decir palabra se da media vuelta y desaparece entre la gente.
Andrรฉs se queda atรณnito, de pie, enamorado y solo sabe que ella se llama Lisa, y que tiene la boca mรกs bonita del mundo, y el corazรณn tiembla como una hoja seca en otoรฑo, y esta clase de magia solamente ocurre en Babilonia.

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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