No soy una mujer. Tampoco soy una niรฑa. Si me obligaran a definirme dirรญa que soy una muchacha. Una muchacha que hoy se siente feliz. Me siento feliz porque al abrir los ojos vรญ como los rebotes del sol doraban las hojas de la hiedra del patio, y porque es domingo y voy a ver a mi hermano Roberto. Me siento feliz tambiรฉn porque los domingos es el dรญa que saco a pasear mi malvรณn por el barrio. Sรญ, ya sรฉ que no es un perro ni un gato. Ni siquiera una tortuga o un roedor de los grandes. Es un malvรณn. Precisamente por su condiciรณn de planta necesita de mis piernas para pasear, aunque las mujeres y los hombres no lo entiendan, y las niรฑas y los niรฑos lo celebren.
Entonces es domingo, preparo mi maceta mochila, y cuelgo a mi malvรณn de la espalda. Puedo sentir la felicidad del paseo vibrar en sus ramitas, y sรฉ que su verde se purifica en tonos casi turquesa de alegrรญa aรฑil y violeta. Vivimos en una casa chorizo, asรญ que recorremos siempre el pasillo cantando esa canciรณn de la luna que baja en camisรณn a baรฑarse en un charquito con jabรณn, y siempre que canto la parte esa que dice que la luna baja muy feliz a empolvarse con azรบcar la nariz, sonrรญo mucho y me pregunto quรฉ habrรก querido decir la autora con esa metรกfora.
Eventualmente el pasillo de baldosas romboides, blancas y negras, termina en un ajedrez final, como todos los pasillos y casi todas las eventualidades. Y al abrir la puerta, me llevo la sorpresa mรกs grande de la semana, quizรก del mes. Una sorpresa tan sorprendente que hasta al malvรณn se le pusieron las hojitas de punta.
Del otro lado de la puerta, nos esperaba un elefante adolescente.
O me imagino que es adolescente porque no es un elefante enorme, y al verme se pone feliz en las orejas, sacudiรฉndolas, y parece sonreรญr. Me apunta con la trompa que parece sucia de nata de leche, pero me hace reรญr con su tacto รกspero, y entonces, entre restos de lechuga y bananas a medio masticar, veo que tiene un sobre con mi nombre.
Intrigada, le empujo la trompa, lo aparto para poder leer la carta, mientras el malvรณn aspira cada bocanada de sol, y el elefante apoya la barbilla en mi hombro, a punto de desparramarnos en el suelo, a รฉl, al malvรณn y a mรญ.
La carta dice:
โHola. Me llamo Dailan Kifki, y en caso de que no lo hayas notado, soy un elefante. Mis papรกs ya no pueden pagar por mi alfalfa, y como siempre te ven paseando a tu malvรณn, pensaron que estarรญas encantada de cuidarme y ser mi amiga.
Gracias, de todo corazรณn.โ
En la carta no hay mรกs pistas, asรญ que supongo que a partir de ahora soy la feliz dueรฑa de un elefante llamado Dailan Kifki.
– Hola Dailan โ le sonrรญo-. Vamos de paseo.
Empezamos a caminar los tres, y puedo escuchar los mohรญnes celosos que hace mi malvรณn, acostumbrado a ser el รบnico paseado.
De camino a la plaza, pasamos por la puerta del Club de Remontadores de Barriletes, que aguanta con resiliencia la falta de plata para comprar moรฑos de colores que adornen sus colas juguetonas. Charlando con un bombero, estรก mi hermano Roberto, que me ve y pone cara de pรกnico.
– ยฟY eso? โ pregunta.
– Es mi elefante -digo-, se llama Dailan Kifki.
Mi hermano Roberto sacude la cabeza, mira al bombero, al suelo, luego levanta la vista y dice:
– Estamos fritos.
Y yo vuelvo mi mirada hacia el sol que dibuja un aura mรกgica en toda la cuadra, y adoro a mi malvรณn y a mi elefante, y soy mรกs feliz que nunca.

P.S.: Este texto fue escrito para un ejercicio en el taller de narrativa en el que habรญa que evocar un recuerdo de Infancia, y es en todo caso, un homenaje a Marรญa Elena Walsh.
Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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