El asfalto estaba resbaloso. Muy resbaloso. El Pibe Matracas parecรญa un dibujo de Tom y Jerry, patinando en el lugar cuando intentaba correr, desafiando la fรญsica misma del principio de acciรณn y reacciรณn, violentamente reducido por el aceite de motor quemado que agonizaba sobre el suelo. La Yesi y El Pulga estaban ya desparramados como muรฑecas rotas, tres metros mรกs allรก, mientras Juancito y El Uruguayo miraban a ambos lados, buscando hacia dรณnde correr, o saltar, o huir sin mรกs vergรผenza que un gamo delante de una leona hambrienta. Contra las paredes del conventillo, las luces azules y rojas de las sirenas de los trullas dibujaban รณrbitas caprichosas pero inconfundibles: La cana estaba ahรญ, fierros en mano, casi deseando una mรญnima provocaciรณn que les permitiera abrir fuego contra los jipis drogadictos y homosexuales que volvรญan estrafalaria la fauna urbana. A doscientos metros, la mole de La Bombonera custodiaba el sueรฑo en paz, pero sin gloria, de los hinchas de Boca, que esa noche se habรญan ido a la cama, un domingo mรกs, atesorando un empate como saldo รบnico de noventa minutos de correr la coneja.
El cabo primero Benjamรญn Menรฉndez, encaรฑonando a la nada, le berreaba al Pulga que se levantara, o lo cagaba a tiros, mientras su compaรฑero, el oficial Pilatos, sostenรญa la nueve en una mano y la porra elรฉctrica en la otra, amenazando la integridad energรฉtica de El Uruguayo, que imponรญa respeto porque era tan alto como ancho, y tanto o mรกs extenso en el ecuador de su densรญsima humanidad, totalizando unos ciento sesenta kilogramos de charrรบa delincuente, feo y sudoroso.
– Levantalos, Pilatos -ordenรณ Menรฉndez-, si los metemos a los cinco en el trullo hacemos la noche.
– Levantalos vos. No sรฉ si te diste cuenta, pero soy uno y ellos son cinco.
– Y vos tenรฉs un fierro y ellos estรกn cagados en las patas. Levantalos te digo, antes de que me hagรกs calentar.
Pilatos se acercรณ con cautela al Pibe Matracas, que mostraba una expresiรณn facial ridรญculamente desencajada, y parecรญa, por su lenguaje corporal, a punto de orinarse en los calzoncillitos de Pikachu que le habรญa regalado, ayer mismo, su novia, La Pepi, y que, por cierto, le habรญan encantado.
– ยฟTe creรฉs que esto es joda, pendejo? โ ladrรณ Pilatos -, caminรก para el patrullero que te reviento la cabeza.
– Yo no hice nada. Le juro, estaba acรก con lo pibe tomando un birrรญn, pero nada mรกs. Ni porrito fumamoโ. Nada.
– Caminรก, pendejo.
El cabo primero evaluรณ rรกpidamente la situaciรณn. Era verdad, estaban en inferioridad numรฉrica, y tambiรฉn intelectual, aunque de esto รบltimo no alcanzรณ a darse cuenta cabal. Un perro tuerto apareciรณ de la nada. Olรญa a pelaje mojado por la lluvia, y levantรณ la pata contra la rueda pinchada del Valiant, justo delante del charco de aceite. En ese momento, varias cosas sucedieron a la vez, con un รบnico evento original como disparador del caos absoluto.
El Robinjรบ Urdiales saltรณ desde atrรกs del Valiant, impulsรกndose primero con un pie sobre el baรบl, apoyando rรกpidamente el segundo contra el techo, que se hundiรณ con un quejido de รณxido de hierro, antes de recuperar su forma original perezosamente al impulsarse el Robinjรบ hacia adelante y arriba, saltando como un atleta olรญmpico sobre el cabo primero, al tiempo que blandรญa una cadena de bicicleta engrasada contra el rostro de Benjamรญn. La cadena impactรณ en una diagonal descendiente que trazรณ una herida expuesta desde la izquierda de la frente, arrancando piel del pรกrpado izquierdo y cortando la nariz sobre el tabique, lo que causรณ una hemorragia imparable. El resto del impactรณ le hizo saltar dos dientes y le abriรณ un corte a la derecha de la boca de casi seis centรญmetros.
En ese momento, El Pulga, conocido en los mentideros del barrio por su agilidad proverbial y su velocidad insรณlita, aprovechรณ para arremeter contra el Pibe Matracas, empujรกndolo cariรฑosamente con el hombro, y girando sobre sรญ mismo, le arrancรณ al oficial Pilatos la porra elรฉctrica de la mano buena. Antes de que el cabo primero impactara contra el suelo (lo que le costรณ otro diente y una inesperada merienda de mierda de perro en la boca ya sucia de grasa de la cadena y sangre), El Pulga ya estaba en control de la porra, al tiempo que con la mano izquierda desviaba hacia arriba la zurda del oficial, detonando un disparo que, incidentalmente, le volรณ la pata trasera izquierda y parte de la cola a un gato que observaba con deleite la contienda, con la otra mano accionรณ la porra sobre el cuello del pobre Pilatos, descargando treinta mil voltios de corriente continua, que sumieron al agente de policรญa en un dulce e inesperado sueรฑo, apenas perturbado por el cabezazo que se dio contra la boca de su compaรฑero al caer, haciรฉndole saltar el incisivo que le quedaba, y abriรฉndose en el acto una brecha en el cuero cabelludo que terminรณ absorbiendo lo que restaba en el suelo de la generosa deposiciรณn canina.
El Robinjรบ Urdiales gritรณ hacia el aire de la noche, triunfante y guerrero, alentando a los suyos a abandonar la escena del crimen al grito de:
– ยกCorran putas! ยกEl รบltimo es cola de perro!
La luna iluminรณ, desafiante, los maullidos lastimeros del gato que agonizaba en la ventana, pensando que sรญ, que finalmente la curiosidad mata a los mininos.

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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