Frustración. Frustración. Obsesión. Intersección. Sección.
Las palabras son una iteración, todas con su intención, y detesto la repetición.
Oscuro designio, sin distinción. A este paso vamos derechos a la extinción.
Frustración es lo que siento por las mañanas, cuando el despertador interrumpe tu descanso sagrado, lánguido y dorado con su estridencia calculada, con sus gemidos de dispositivo electrónico en celo, para devolverte sin piedad a un mundo descentrado y egoísta en el que, una noche más, no nos hemos amado. Todas las mañanas mi primer pensamiento es que volvimos a dormir culo con culo, y que otra oportunidad de morir en tu interior se fue para siempre, abandonando el cuadrilátero en el que peleamos, día a día, la falta de ganas de vivir, mi amor.
Frustración, frustración, emoción, los músculos están en tensión, mi amor. Lo que siento por vos es auténtica devoción, y aunque podría ser considerado mi obligación, no quiero escapar de tu canción, de tus señales, de tu genuina aportación.
Obsesión es lo que siento por las tardes, cuando después de otro día igual al de ayer, que fue igual al de anteayer y al de hace setenta y dos horas, y al de hace noventa y seis, vuelvo a casa y mis narinas son bruscamente agredidas por el hedor de tus potajes infames, ese jarabe inmundo al que tenés el desparpajo de llamar sopa, pero que no califica ni siquiera como vertido tóxico, como caldo de cultivo de mis sentimientos encontrados, como restos salinos de sudores ajenos, coleccionados pacientemente para constituir una pócima apócrifa, un menjunje tan malo como anatema, el antónimo del agua bendita. Tan horrible es, mi amor, que preferiría un tazón de asfalto hirviendo.
Frustración, frustración, merecerías lapidación, pero solamente me queda la traición, la supresión de mi amor potencial y de mi estado real. Todo esto no es mas que confusión, contraindicación, falta de validación, desesperación.
Intersección es lo que me ocurre en el pecho cuando, al buscar el camino de tu piel, el remanso de tus besos, el placer de tu silencio en flor, de tus labios regalándole la falta de palabras a mis oídos, te encuentro dispuesta y me recibís en tus brazos. No pasa casi nunca, y quizás debería sentir amor, pasión o alguna de las pelotudeces relativas a la mecánica del amor, lo que está escrito en los manuales del querer, en el decálogo del amante moderno. Pero no. Lo que siento es intersección, la intersección de las lenguas, de las pieles, de los sexos, de los brazos, de las miradas, de esa asfixia momentánea y brutal que nos obsequiamos en cada beso.
Frustración, frustración, demolición de nuestra historia, de los diecisiete años que llevamos en esta progresión, deteniéndonos en cada estación, buceando en nuestra propia indecisión, en la mutua castración, en la esperanza cada día más exigua de la reaparición de un amor que solo trae desolación.
Sección. Sección podría pensarse como lo que siento cuando me expulsás de tu vida por un rato, cuando tus emociones ejecutan un enroque corto, una transposición de piezas que, sistemáticamente me deja afuera de tu intimidad, de la frontera infranqueable con la que solés rodearme, para aislarme del resto del mundo, de un mundo donde, tristemente, vos no estás. Pero sin embargo, mi amor, en este caso no es eso, aunque podría serlo. Sección no es la primera, más obvia y más fácil de sus interpretaciones. En este caso, mi vida, sección es lo que voy a hacerle con esta navaja barbera a tu yugular, para hacerte culminar entre mis brazos, para bañarme en tu sangre mientras hago danzas rituales, para pintar las paredes de mi alma con el interior de tu cuerpo, para repartir por el salón el contenido impío de tus intestinos, mientras lloro y aúllo, implorando al dios de la chatarra de neón que el castigo para los dos, a vos por loca y a mí por asesino, sea nada más y nada menos que la extinción.
Oscuro designio, sin distinción, mi amor.

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niñez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cómo no, a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchísimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
Descubre más desde Federico Firpo Bodner
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


