Te lo dice el mar, cada vez que las olas babean espuma, cada vez que el vaivรฉn imposible reinicia un ciclo de danza lรญquida, su protesta suave, cagรกndose en la distancia que te separa de mรญ, en los doscientos cuatro kilรณmetros de sopa de algas furiosas que te impiden mis brazos, que te privan de mi piel, que te amortiguan los sonidos de una plegaria que, del otro lado del mar angosto, te invoca, te sustrae de tu realidad รบnica, de tu dรญa a dรญa de pรกjaros volando y turistas paseando.
Te lo dice el Sol, con un balbuceo amarillo de tรญmida voz invernal, intentando dorar una vez mรกs el destello ese, que en tu pelo es a la vez faro y mirada, luz y sombra, es el hombro en el que llorar y la piel sobre la que el sudor escribe con letras insomnes un amor que aรบn no empieza, un silencio que solamente el Sol, mientras disipa el petricor de la รบltima lluvia, se atreve a susurrar en tus oรญdos.
Te lo dice el viento, cuando con sus pentagramas transparentes transporta mi voz sobre el mar, solo para sembrarla luego en tu smartphone y germinarla en tus oรญdos, calentita, reciรฉn salida del torrente de bits aรฉreo, como si un panadero gordo y feliz te ofreciera pan reciรฉn amasado. Y lo sabรฉs, lo sabรฉs porque esa voz, de alguna manera, te altera la sangre, te recorre y te dibuja palabras que aรบn no dije, dentro de tu cabeza, pero tambiรฉn circulando por tus venas, recorriรฉndote la piel con una vibraciรณn sonora, barรญtona, un estrรฉpito que comienza en susurro y culmina en deseo. Deseo de estar allรญ, o de que yo estรฉ aquรญ, o los dos, vos y yo, en medio de ese mar vengativo y vigilante de tan azul, sensual como tu paso de hembra dulce, ese mar que olea con tus propias caderas, que te copia y te replica, que te busca para abrazarte, justamente donde no estรกs.
Lo sabรฉs, lo sabรฉs porque te lo dicen los pรกjaros de plumas pintadas por un titiritero loco, que cruzan raudos, vuelan esos doscientos cuatro kilรณmetros solamente para besarte con su pico รกrido y naranja, y graznarte al oรญdo que ese deseo que estรกs sintiendo es real. Lo sabรฉs porque los pรกjaros dan seis o siete vueltas como un bulldog rastreador, desesperados por el rastro de tu piel, y en seguida emprenden la vuelta, para traerme a mรญ, del otro lado del mar, las noticias frescas de tu piel, el reflejo dorado de tu pelo, la curva soรฑada de tus hombros, el beso que se quedรณ en tus labios, el hambre pasional de tu vientre guerrero.
Lo sabรฉs porque te lo dicen los peces, que persiguen a los barcos exhibiendo sus aletas dorsales para que brillen como afilados bisturรญes operando el agua, peleando a dentelladas hรบmedas y calientes por los despojos de los buques, mientras las moles flotantes vomitan patrullas de turistas y vos los mirรกs de reojo, haciรฉndote gestos con los peces, que encuentran ridรญcula toda la industria de los cruceros.
Te lo dicen tambiรฉn las palmeras, que a pesar de ir cada maรฑana al salรณn de belleza a embuclarse las hojas con bigudรญes de cรกscara de coco, a tu paso se desmelenan y sueltan sus dedos de savia para acariciarse con el viento, mientras sus ramas hacen el amor con la brisa y tu mirada lo refleja, lo registra todo. Te lo dicen los gomeros, con sus hojas anchas que gotean gotas gordas cuando el rocรญo los bautiza. Te lo dicen las hormigas, huyendo de tus pies, desesperadas por conservar el botรญn que representa la miga de pan que se suicidรณ, saltando desde la comisura de tus labios a un suelo de tierra y cemento.
Te lo dice el canto de los grillos y las ranas, que en cada amanecer invocan a sus posibles parejas, prometiendo apareamientos efรญmeros y encuentros reales. Te lo dice el sonido de tus pasos cuando, de noche, volvรฉs a tu casa despuรฉs de trotar. Te lo dice el corazรณn, bum bum, a cada rato.
Y ahora, preciosa, te lo digo yo, que con mis manos puedo invocar una tormenta o calmar una fiera, que quiero deshacerme en tus brazos para reinventarme en tu boca, reconstruido por un beso lento y hรบmedo, silencioso y dulce. Te lo digo mientras sazono el viento que va a tu isla con las palabras que no sรฉ decirte, con las canciones que aรบn no me atrevo a entonar para vos. Te lo digo mientras encomiendo a los peces que te traigan, mientras ordeno a mi gato que envรญe al sol en tu busca y captura.
Te lo digo, hermosa, mientras mis dedos recorren un teclado porque no pueden recorrer tu espalda, mientras mis manos protestan tu ausencia castigando las teclas con los mimos que no pueden darte.
Te lo digo sin que lo sepas, pero porque sรฉ que estas palabras pueden traerte, pueden invocarte o convocarte, segรบn lo รกngel o demonio que te sientas, y pueden hacer del encuentro una tarde soleada, una llovizna remolona, una noche de risas y silencios.
Te lo digo porque quiero decรญrtelo: Venรญ, que hice un acuerdo con el Mar, y te va a permitir que lo cruces, solo para que me entregues, mano a mano, los mimos que estรกs debiรฉndome, para que nos ofrezcamos, boca a boca, los besos que estamos deseando, y para que el sol amarillo y tibio nos regale una maรฑana dorada juntos.
Te lo digo. Venรญ.

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
Descubre mรกs desde Federico Firpo Bodner
Suscrรญbete y recibe las รบltimas entradas en tu correo electrรณnico.


