No fui yo. Estoy cansado de decirlo. Se lo dije al portero del edificio, el dรญa que empezรณ todo, y tambiรฉn a la vecina del vigรฉsimo segundo A, y al matrimonio de angoleรฑos que vive en la planta treinta y dos, puerta B. Se lo dije a mis vecinos de palier y ese mismo dรญa, mรกs tarde, a la policรญa.
Por alguna razรณn todos creen que fui yo, pero verรกn ustedes: como habrรกn notado, me falta el antebrazo izquierdo y toda la mano correspondiente, y ademรกs tengo las piernas torcidas desde niรฑo como resultado de haber enfermado de polio. Padezco de sordera al setenta por ciento en el oรญdo izquierdo, y mi ojo izquierdo es de vidrio. Por alguna razรณn, la mala suerte o el destino se cebaron con el lado izquierdo de mi cuerpo. El caso es que, como comprenderรกn ustedes, me resultarรญa bastante difรญcil manipular una garrafa de veinte litros de aceite industrial, y mucho mรกs controlar a cuatro cerdos macho adultos, que, aunque no parezca tienen un montรณn de fuerza e รญmpetu. Como habrรกn ustedes notado, los especรญmenes porcinos estaban numerados, a la sazรณn, con los nรบmeros uno, dos, tres y cinco, respectivamente. Ardid muy hรกbil este, de parte del cabrรณn del perpetrador, para que, como en efecto ocurriรณ, el personal de control de plagas, los empleados de comercio, la policรญa, los de seguridad, los vecinos y hasta algunos perplejos paseantes, se volviesen locos buscando al nรบmero cuatro. Estรกn numerados, decรญa, y comprenderรกn ustedes que, con una sola mano es bastante complicado inmovilizar a un cerdo adulto, mientras se le pinta un nรบmero.
Como bien saben todos los presentes, vivimos en una torre de cincuenta plantas, construida sobre un centro comercial de una manzana, lo que totaliza diez mil metros cuadrados solo en la base, mรกs todas y cada una de las diferentes alturas. Los bichos fueron soltados en diferentes puntos estratรฉgicos de la instalaciรณn, casi al mismo tiempo. Como resultarรก obvio para el observador hรกbil, el estado de mis piernas y la velocidad de desplazamiento que soy capaz de desarrollar, no permiten una acciรณn coordinada para liberar los animales en cuatro puntos estratรฉgicos, hacer el correspondiente taxismo entre uno y otro a tiempo, soltar cada ejemplar y huir, todo ello sin ser visto ni registrador por las cรกmaras de seguridad, que, dada mi particular silueta y andar, me hubiesen hecho manifiestamente reconocible a pesar de la mala calidad de imagen a la que, dichos artefactos, nos tienen acostumbrados. Por mรกs amor que pusiera yo en la tarea, espero que se entienda que me resultarรญa sumamente dificultoso, por no decir imposible, conclusiรณn a la que espero lleguen sus seรฑorรญas al terminar este cรณnclave.
Estaba yo en la tienda de cafรฉ, cuando el cerdo identificado con el nรบmero dos entrรณ como una locomotora, con sus trescientos cincuenta kilogramos de carne porcina y gruรฑidos, hecho una furia y empapado en aceite. Debo reconocer que me divirtiรณ sobremanera ver a los guardias del centro comercial resbalarse en el charco viscoso, mientras intentaban aferrar al animal por la grupa. El pobre chancho terminรณ por cagarse encima del estrรฉs, dejando la tienda de cafรฉ con un derroche de diarrea lรญquida embadurnada por toda la moqueta.
Al nรบmero tres lo detectaron en la tintorerรญa automatizada, mientras se comรญa con placer las camisas reciรฉn planchadas de Ramรญrez, el director de banco que vive en la planta diecisiete con esa rubia tan resultona. El marrano se solazaba en la degluciรณn de los finos tejidos, cuando entre tres agentes de seguridad privada -dos de ellos con claro sobrepeso- y un policรญa que estaba de casualidad en el centro, finalmente lo derribaron en una bacanal resbalosa y oleosa, manchando las paredes, destrozando la caja registradora y gran parte de las prendas que esperaban ser recogidas por sus dueรฑos. Sรฉ que al nรบmero uno se le dio caza entre las plantas cuarenta y cuarenta y uno de la torre, pareciendo aquello el camarote de los Hermanos Marx, con un triste aunque impresionante saldo de siete agentes del orden con fracturas de diversa gravedad, y otros dos con golpes serios y heridas sangrantes.
Desafortunadamente, no pude presenciar las otra captura ni del relato del hecho, porque, dada mi popularidad, son pocos los vecinos que comparten conmigo informaciรณn, pero en cambio disfrutรฉ como un malnacido durante las siete horas de bรบsqueda y captura del animal nรบmero cuatro, que, como ya saben ustedes, jamรกs existiรณ ni pisรณ el complejo habitacional y comercial.
Ahora bien, dada mi conocida y pรบblica aficiรณn a la crรญa y engorde de dichas bestias, y a que, debido a algunas indiscreciones de Purificaciรณn, la vecina que vive justo debajo de mi unidad habitacional, es tambiรฉn de pรบblico conocimiento mi gusto por el desbarajuste, lo grotesco y lo sangriento, y sumando a eso que, sin paliativos ni remilgos de ninguna clase, soy feo, muy feo, y me tienen envidia porque, aรบn feo y achaparrado soy rico, todos se apresuraron a acusarme, haciendo gala de poca imaginaciรณn, ademรกs de pobreza de espรญritu y futilidad de juicio.
Sรญ que es cierto que fui responsable del ejรฉrcito de drones que pintรณ con aerosol las marquesinas del centro comercial, y de la flota de preescolares atiborrados de azรบcar que echaron a perder la reuniรณn de la comisiรณn de festejos. Es posible, tambiรฉn, que haya tenido algo que ver con el desafortunado incidente de la igniciรณn espontรกnea de los contenedores de basura, no lo niego.
Pero lo de los chanchos, seรฑorรญas. Eso no. No fui yo, pero visto el resultado, quisiera haberlo sido.

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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Magistral, maestruoooooo!!!