Rodolfo arrimรณ la silla al borde del escritorio. La mรกquina, una Underwood original, acababa de ser devuelta del servicio tรฉcnico. Lucรญa impecable y las teclas cedรญan sin esfuerzo a la orden tรกctil de imprimir cada guarismo. Puso una hoja en el rodillo y disfrutรณ secretamente del placer del sonido del rotor, del ritmo รบnico de los percutores al estrellarse contra el papel, de la ductilidad con la que el ingenio, reciรฉn engrasado, obedecรญa a sus dedos, traduciendo a letras y palabras los pensamientos, sin mรกs esfuerzo que la danza digital que, desvergonzada, dibujaba los sonidos.
La profesora Roldรกn entrรณ al aula, coma, y se dirigiรณ a los alumnos con la voz tomada por una gripe reciente y mal curada, punto. Abre guiรณn. Hoy vamos a discutir sobre la verdad, punto. Queremos encontrar en el ejercicio del pensamiento una verdad รบltima, coma, y nos preguntamos constantemente si esa hipรณtesis es o no es vรกlida, punto. Una mano levantada al fondo, coma, interrumpe la corriente de pensamiento, punto. La profesora enfoca su mirada y, coma, seรฑalando al estudiante de gafas redondas, coma, le cede la palabra, dos puntos, abre guiรณn. Sรญ, coma, Santiago, punto. El estudiante amaga con ponerse de pie, coma, y finalmente desiste, punto. Abre guiรณn. No, me preguntaba si vamos a hablar sobre la verdad o sobre la bรบsqueda de la verdad, punto. Son dos cosas bien distintas, punto. La profesora Roldรกn agita sus rizos rojos, coma, lo mira en silencio por espacio de unos segundos, coma, y sonrรญe antes de
– Es hora de la medicina, seรฑor -dice la empleada. Rodolfo afloja los dedos, siente en las articulaciones de sus falanges la fatiga leve del teclear en una superficie tan dura.
– Estรก bien, Dina. Pero ahora no. Recuรฉrdemelo en diez minutos, por favor.
– La enfermera estรก aquรญ ya.
– Que espere -replica Rodolfo-. Necesito terminar este pasaje.
La profesora Roldรกn agita sus rizos rojos, coma, lo mira en silencio por espacio de unos segundos, coma, y sonrรญe antes de responder, punto. Abre guiรณn. Bien traรญdo, coma, Santiago, punto. Es cierto que la verdad y la bรบsqueda de la verdad son dos cosas distintas, punto. Deberรญamos remontarnos mucho mรกs en el tiempo, coma, para encontrar el origen del concepto de verdad en el imaginario humano, punto.
Sonrรญe satisfecho. Siente que ese pasaje quedรณ especialmente bien, sobre todo en comparaciรณn con su รบltimo trabajo publicado, una larga diatriba lacrimรณgena basada en la historia familiar, en la que no habรญa dejado honra รญntegra ni reputaciรณn inmaculada.
– ยกDina! -gritรณ-. Que pase la enfermera.
La puerta se abriรณ a los pocos segundos. La enfermera, que no iba vestida de enfermera sino de persona normal, le sonriรณ bajo el dintel de la puerta.
– ยฟCรณmo se encuentra hoy, Rodolfo?
Rodolfo la mirรณ extraรฑado. Estaba distinta. Tenรญa un vago aire familiar que no pudo o no supo identificar.
– ยฟUsted es otra o es usted? -preguntรณ.
– Soy yo -respondiรณ ella, riendo-, pero es verdad que la compaรฑera que lo atiende habitualmente estรก de vacaciones y la estoy reemplazando. Me llamo Irma, encantada.
– Nadie me notificรณ esto.
– Si quiere llamamos a la clรญnica para verificarlo.
Rodolfo pensรณ unos instantes, mirรกndola sin verla, con la cabeza en la profesora Roldรกn y sus alumnos.
– No, estรก bien. Pero que sea rรกpido, tengo trabajo -sentenciรณ.
Irma se apresurรณ a sacar frasquitos y potingues, preparรณ una jeringa hipodรฉrmica y la lleno con un lรญquido color รกmbar que extrajo clavando la aguja a travรฉs de la tapa del frasco que lo contenรญa. Esterilizรณ una zona del brazo con un trocito de gasa empapada de alcohol, mientras escupรญa trivialidades del tiempo y la primavera sin dejar de sonreรญr.
Rodolfo imaginaba puntos y comas bailando frente a sus ojos, sin escucharla.
– Listo -dijo ella-, le he puesto una medicaciรณn nueva, asรญ que si no le importa me voy a quedar unos minutos, porque a veces, muy pocas veces, el paciente experimenta una bajada de tensiรณn un cuartito de hora despuรฉs de la administraciรณn.
– ยฟY para quรฉ cambian la medicaciรณn entonces?
– Esta es mucho mejor.
– Estรก bien. Siรฉntese en esa butaca, y por favor no haga ruido que estoy trabajando.
Deberรญamos remontarnos mucho mรกs en el tiempo, coma, para encontrar el origen del concepto de verdad en el imaginario humano, punto. Pero no es objeto de esta clase, coma, ni siquiera de esta materia, coma, me parece, punto. El timbre atronรณ el aula, coma, con una vibraciรณn de cucaracha enfurecida, coma, y los alumnos, coma, como es habitual en la universidad, coma, ni siquiera se despidieron al irse, punto. La profesora Roldรกn se sentรณ en la silla que presidรญa el aula, coma, y con mirada ensoรฑadora volviรณ su atenciรณn a la ventana, punto. Hacรญa un mes que habรญa empezado a verse con Augusto, coma, el profesor de latรญn, punto. No sabรญa si se estaba enamorando, coma, o si creรญa estar enamorรกndose, punto. Le pareciรณ gracioso, coma, y anรกlogo con la discusiรณn que habรญa
– ยฟQuรฉ escribe, Rodolfo?
El escritor hizo girar su silla de trabajo, con un gesto contrariado en el rostro.
– Una novela, pero no puedo hacerlo si usted me interrumpe. ยฟNo pasaron ya los quince minutos? Me encuentro bien.
– Pasaron cuatro. Perdone, no lo interrumpo.
La silla volviรณ a girar.
Le pareciรณ gracioso, coma, y anรกlogo con la discusiรณn que habรญa mantenido con sus alumnos unos minutos antes, punto. Dudaba entre ir al despacho de Augusto, coma, y esperarlo allรญ en ropa interior, coma, o irse de compras para sorprenderlo con lencerรญa nueva por la noche, punto. Sonriรณ para sรญ misma, coma, sintiรฉndose pรญcara y
– ยฟEstรก bien, Rodolfo? De repente tiene usted lamparones de sudor en las axilas.
– Estoy bien, carajo. No puedo trabajar si me interrumpe usted cada dos segundos.
Rodolfo pensรณ que quizรก tenรญa razรณn, estaba sudando mรกs que de costumbre, pero lo atribuyรณ al comienzo del verano, y le pidiรณ a la enfermera que abriese la ventana, cosa que ella hizo al instante, permitiendo que una rรกfaga de aire fresco lo reanimase.
Sonriรณ para sรญ misma, coma, sintiรฉndose pรญcara, coma, y se decidiรณ por la lencerรญa erรณtica, punto. Habรญa visto hacรญa unos dรญas un conjunto de cuerpo entero de encaje negro, coma, que presidรญa la vidriera de una de las galerรญas del centro, punto. Pensรณ que ese conjunto negro, coma, no podรญa
– ยฟCรณmo me dijo que se llamaba? ยฟNina?
– Irma -respondiรณ la enfermera-, dรญgame.
– ยฟCuรกnto tiempo pasรณ? Creo que no me encuentro del todo bien.
– Nueve minutos. Usted siga, que le voy a buscar un vaso de agua.
– Gracias -dijo รฉl.
Pensรณ que ese conjunto negro, coma, no podรญa sino ganarse inmediatamente la gratitud del amante, coma, y por lo tanto garantizarle un rato mรกs especial que de costumbre, punto. Y puntos suspensivos, coma, no, mejor vuelvo atrรกs y tacho, equis, equis, equis, equis, equis, equis, equis, punto. Pensรณ que ese conjunto negro, coma, era el ideal para ser el germen de una noche de pasiรณn, coma
Rodolfo cayรณ al suelo, echando espuma por la boca. La enfermera entrรณ, sin el vaso de agua, y se agachรณ junto a รฉl.
– Tu novela le arruinรณ la vida a gente que me importa mucho -le dijo-. Familiares nuestros, aunque no te acuerdas de mรญ porque nunca venรญas a las reuniones familiares. Ahora yo arruino la tuya. Lo que te inyectรฉ es un concentrado de toxinas de metales pesados que va a destrozarte el sistema nervioso. No le vas a joder la vida a nadie mรกs, a menos que alguien invente como leer el pensamiento.
Rodolfo balbuceรณ babeando sobre la moqueta. La veo levantarse, coma, caminar hacia la puerta, coma, y salir sin mirar atrรกs, punto. Tengo que llamar a Dina, coma, tengo que pedir una ambulancia antes de que esta mierda me mate, punto. Repentinamente, coma, Dina se recorta contra la claridad de la puerta, coma, contrae el rostro y lanza un grito de pรกnico, punto. Me duele mucho la cabeza, punto final.

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
Descubre mรกs desde Federico Firpo Bodner
Suscrรญbete y recibe las รบltimas entradas en tu correo electrรณnico.


