Casi tropecรฉ con ella. Yo iba caminando por Combatientes de Malvinas, y las lรกnguidas ramas de los sauces colgaban, creando, especialmente esa noche, una atmรณsfera misteriosa, como lianas fuera de control, danzando una danza dulce y suave. Se aferrรณ a mis brazos, con ambas manos. Estaba agitada. Me mirรณ, resoplando, y me escupiรณ la pregunta a la cara, sin ninguna clase de advertencia previa:
โ ยฟSabรฉs algo de vampiros?
La pregunta congelรณ mis sentidos. Entre todas las preguntas absurdas que me habรญan hecho hasta entonces, se llevaba el premio a la mรกs absurda. Me hizo mirarla mejor. Detrรกs de las antiparras de bibliotecaria, tenรญa dos ojazos de pรกjaro asustado, redondos y grisรกceos. No pude evitar pasar la vista por un tetamen redondo y apretado, contenido a duras penas por los botones heroicos de una camisa blanca y rosa. La base de su torso se hacรญa mรญnima en una cintura que podrรญa haber rodeado con mi puรฑo, y luego su cuerpo se ensanchaba en una maravilla de proporciones babilรณnicas. Estaba enfundada en una falda tubular, plisada, que tambiรฉn parecรญa de bibliotecaria, a juego con las gafas. Mi riego sanguรญneo se habรญa desviado. Aun asรญ, intentรฉ echar mano de mi escepticismo crรณnico, de mi ateรญsmo militante, de mis creencias basadas en la ciencia, de mi pragmatismo estoico. Respirรฉ hondo, y mirรกndola por primera vez a los ojos, respondรญ:
โTodo lo que puede saberse. Da la casualidad de que soy un experto. En vampiros y otros seres sobrenaturales, incluyendo tรฉcnicas avanzadas de combate y formas de espantarlos.
โยกMenos mal! โ toda ella pareciรณ desinflarse, relajarse en un renuncio corporal completo. Sรบbitamente, habรญa encontrado la pazโ. Tenรฉs que venir conmigo. Por favor โimplorรณ.
Atrapรณ mi mano con la suya, entrelazando los dedos, y girรณ sobre sus pies, encarando la entrada de una casa que estaba a unos doce metros de distancia. Parecรญa la guarida de los malos. Tenรญa los postigos polvorientos y torcidos, y un manto de telaraรฑas la cubrรญa como si fuera un abrigo de temporada. Entramos. El maderamen del suelo chirriaba como en una pelรญcula de terror. La casa entera estaba en penumbra y apenas se podรญa percibir como las cortinas silbaban una sinfonรญa tenue, un ritmo aprensivo, un susto al acecho. Sobre la mesa, una montaรฑa inverosรญmil de ristras de ajo parecรญa la silueta recortada de un animal paquidรฉrmico tomando el sol, para aliviarse de la picadura de cien mil avispas carnรญvoras.
โAcabo de heredar esta casa de mi familia. Yo estaba viviendo en Paraguay, y vine para tomar posesiรณn de la herencia. Estรก infestada de vampiros. Me lo decรญa mi tรญa en todas sus cartas, y no tengo plata para dormir en otra parte. Lo que tenรญa lo gastรฉ en los ajos, pero me da miedo recorrer la casa para ponerlos.
Parecรญa a punto de llorar. La mirรฉ, y abrรญ la boca para burlarme, pero una vez mรกs los poderosos argumentos de su anatomรญa, la dulzura infinita de su mirada inocente y lo apetitoso de sus labios derrotaron mi cinismo.
โNo te preocupes โle dijeโ. Yo sรฉ de esto. Los ajos tienen que estar cerca de las puertas y ventanas, donde impiden el paso de los vampiros.
Pasamos las siguientes dos horas distribuyendo las ristras de ajo por la mansiรณn en decadencia. Recuerdo que, al tirar de una puerta, me cortรฉ el antebrazo con un gancho que habรญa en la pared. Ella, solรญcita, me untรณ la herida con una pomada mรกgica traรญda del Paraguay, que ademรกs de ser un efectivo cicatrizante, tenรญa la dudosa virtud de proveer una asepsia absoluta contra la saliva de hombre lobo, que, como todo el mundo sabe, es uno de los mรกs poderosos agentes mutadores de ADN que puede encontrarse en la naturaleza. Los hombres lobo โexplicรณโ, en ciertas regiones de Paraguay son casi una plaga, y por eso llevaba siempre consigo un pote de tan milagroso ungรผento.
Se hizo la medianoche, y estaba yo a punto de abandonar la mansiรณn encantada, cuando me pidiรณ el inmenso favor de pasar la noche con ella. Tenรญa pรกnico, dijo, porque ademรกs de la presencia palpable de los vampiros, en la casa estaba documentada la presencia de arpรญas y de hadas del muรฉrdago, que no por bellas dejan de ser peligrosรญsimas para los enamorados, haciรฉndolos sucumbir a las perversiones de la pasiรณn genuina, y morir en un fragoroso desenfreno de amor carnal.
Una vez mรกs, cuando estaba a punto de negarme, la visiรณn serรกfica de sus femeninas rendondeces bloqueรณ mi verdad, y me rendรญ.
โPuedo dormir en el sofรก โdije.
โNo, de eso nada. Necesito que estรฉs en la misma habitaciรณn. Podemos acostarnos vestidos, sobre la colcha. Total, no tengo ni sรกbanas. Maรฑana vemos.
Accedรญ.
Nos tumbamos juntos, y en seguida me dio la espalda, apretรกndose contra mi pecho. Intentando evitar que mi erecciรณn fuese demasiado evidente, comencรฉ a preguntarle por las diferentes plagas demonรญacas que poblaban la casa. Pasamos horas hablando en susurros. Me contรณ de las esfinges esquivas del sรณtano, que te destrozaban de un simple zarpazo si no respondรญas correctamente a sus preguntas engaรฑosas. Me hablรณ del espectro de un herrero medieval, que habitaba la casa, y en las madrugadas invernales agitaba un hacha afilada ante los ojos impรกvidos de los vivos, gritando insultos malsonantes en una remota lengua indescifrable. Me narrรณ la terrible historia del fantasma de la mujer barbuda de un circo, condenada a ser colgada por la barba de una viga del tejado, todas las noches durante ciento setenta aรฑos, como castigo por haber copulado, sin amor, con los seis enanos, el lanzador de cuchillos, el trapecista y la รฉcuyรจre. Me revelรณ la pasiรณn de las hadas del muรฉrdago y la presencia estรกtica de los duendes. Y mientras hablaba, se apropiรณ de mis manos, lentamente, las hizo acariciar su vientre, sus pechos, su cuello y su rostro. Nos acurrucamos en una sucesiรณn de arrumacos deliciosos. Cuando el alba comenzรณ a romper, susurrรณ en un suspiro virginal: โEstamos a salvoโ, y se girรณ hacia mรญ, para besarme profundamente.
Amanecimos desnudos y enroscados el uno en el otro.
Con el correr de los dรญas, empezรณ a serme difรญcil sostener la credibilidad de mi categorรญa de experto en ocultismo. Casi sin darme cuenta, me encontrรฉ visitando la biblioteca del barrio por las maรฑanas, leyendo todos los cuentos e historias de vampiros, hadas, fantasmas y espectros que contenรญa el templo del saber. Por las noches, ambos volvรญamos al combate organizado contra las fuerzas del inframundo, culminando cada jornada de victorias contra enemigos inexistentes con maratones de amor al resplandor del alba.
Me sentรญa feliz, y al mismo tiempo agotado, somnoliento y mentiroso.
Los dรญas se hicieron semanas, y las semanas meses.
Poco a poco, me fui haciendo experto en leyendas y engaรฑifas en las que no creรญa, solamente para seguir siendo merecedor de su amor y sus curvas.
Han pasado doce aรฑos. La casa estรก rehabilitada, y nuestro hijo duerme en una cuna en la que, en lugar de muรฑequitos y sonajeros cuelgan amuletos anti-espรญritus, mandalas contra el mal de ojo, patas de conejo y, por supuesto, las infaltables ristras de ajo que ocupan todas las paredes de la casa y nos protegen del mayor de los males: Nosferatu.
Ella continรบa luchando a brazo partido contra los habitantes demonรญacos de la mansiรณn, mientras yo reparto mi tiempo entre amarla y conducir el programa de televisiรณn que me consagrรณ como el mayor experto de Latinoamรฉrica en ciencias ocultas, demonios y plagas malรฉficas.
Sigo sin creer en nada de lo que digo.
Sin embargo, cada dรญa la amo mรกs, y aunque cueste creerlo, soy feliz.

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
Descubre mรกs desde Federico Firpo Bodner
Suscrรญbete y recibe las รบltimas entradas en tu correo electrรณnico.


