Siempre pensรฉ que llorar es como una cascada que el olvido deja correr por las mejillas. Tanto es asรญ, que creo con convicciรณn que no puede ser nunca voluntario โojalรก lo fueseโ. Por mรกs que lo haya intentado en el pasado, nunca conseguรญ olvidar a propรณsito.
A pesar de que muchas personas lo merecรญan, quizรกs. Pero no รฉl.
Y, sin embargo, lo olvidรฉ.
Y no llorรฉ ese olvido. No lo llorรฉ porque no era mรญo, porque cuando ocurriรณ, ya no podรญa hacer nada mรกs que rescatarlo en mi memoria.
โNo te aguanto mรกs โsu dicciรณn fue contenida y susurrada, con tanta precisiรณn que lo sentรญ como un grito. Un alarido desde el alma, una agonรญa estrujada en los pulmones de un leรณn hambriento, un parรฉntesis de silencio sobre una taza de tรฉ que se enfrรญa.
โQuisiera que me entiendas, Santino. Soy una mujer, mal que te pese, y a veces muero por un poco de afecto.
โMe importa un carajo.
Hace siete meses de esa tarde. Nos separamos en la calle Montevideo, casi llegando a Viamonte, con un gesto lรกnguido y perecedero, que no merece llamarse abrazo. รl disimulaba mal las lรกgrimas, y los mocos que le poblaban la nariz. Yo aguantaba la respiraciรณn, y me hubiera cortado una mano antes de darle el gusto de verme llorar.
โTe llamo โdijo, mirando al suelo y desapareciendo por la esquina de Viamonte hacia Callao.
Lo รบltimo que vi de รฉl fue su nuca, con el pelo rapado sobre los tendones fuertes del cuello.
Entonces llorรฉ.
Y no supe, en ese momento, descubrir en mis lรกgrimas el sonido estridente del olvido, que empujaba desde mis ojos el infierno privado del vรฉrtigo, donde van a morirse todos los dolores, para despuรฉs renacer como jazmines en flor o como pescado muerto. Unas veces huelen a felicidad y otras a carne podrida.
Me encontrรฉ dueรฑa de mรญ, por primera vez en diecisiete aรฑos, y asumรญ el mando de mis horas, de mis tardes leyendo poemas junto a la ventana del otoรฑo, y mis noches besando en la boca a un vaso de ginebra, mientras esperaba que algรบn hombre posible me viera tan borracha como para intentarlo, y decirle que no, pero queriendo decirle que sรญ, y eventualmente cediendo a sus ruegos. Disfrutรฉ de muchas noches y muchos hombres, con el placer secreto de abandonar sus casas a la maรฑana siguiente, sin haberles dicho siquiera mi nombre ni preguntado por el suyo.
En esas maรฑanas, vestida para matar, me metรญa en las cafeterรญas turbias del Abasto, pintarrajeada como una muรฑeca rota, y me sometรญa a la dulzura ingrata de un cafรฉ con leche sin medialunas, para despuรฉs hacer una siesta de perro vestida, con los gatos llenรกndome la ropa de pelos negros y naranjas.
Una vez, uno de ellos me preguntรณ por รฉl.
No atinรฉ mรกs que a perder la mirada en la pared del fondo. Estรกbamos desnudos en su cama, en una habitaciรณn paupรฉrrima cerca del Mercado. Su desnudez era fea. Tenรญa el pecho cubierto de vello canoso, y las verrugas le dibujaban una constelaciรณn de miseria que me hizo compadecerme de รฉl.
โNo hablemos de eso โle dije, antes de acaballรกrmele para un polvo triste con un rayo de sol en la cara.
Creo que no soy capaz de saber exactamente lo que pasรณ en estos siete meses. Mi cuerpo ruge heridas de guerra, y puedo ver nuevas estrรญas en mi vientre y mis muslos. Ni siquiera sรฉ si fue por apetito o venganza, por deseo, por compasiรณn o por tristeza, para divertirme o para apagar la soledad.
Y tampoco me importa.
Hoy, cuando volvรญ de hacer las compras, despuรฉs de acomodar las verduras en el cajรณn de la heladera y poner a hervir el agua para el caldo, me puse a ver las noticias.
Y mencionaron su nombre: Santino.
Y pusieron su foto.
Muriรณ ayer, en la soledad de una pensiรณn del Once, una semana antes de cumplir dieciocho aรฑos.
Asรญ me enterรฉ de que lo habรญa olvidado. Asรญ supe que ya no me queda nadie por quien sufrir.
Lo recordรฉ brutalmente. Sus bracitos de bebรฉ, sus pasos errรกticos, su adolescencia conflictiva.
No sรฉ por quรฉ nunca supe amarlo.

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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