No soy yo. Soy mucho más que yo. Soy lo que hay delante de mí, lo que pasa por mi interior y lo que se imprime dentro de mí. Soy poco más que nada, pero lo he visto todo.
Vi llegar a los indios al fuerte en el que, apertrechados, los militares del séptimo regimiento de caballería defendían las tierras contra los mismos a quienes se las habían usurpado previamente. Los vi pelear con coraje, aullar como un desfile desquiciado de dolor y furia. Los vi morir, de a cientos, de a miles, como si el precio de la vida fuese menor que el de la tierra, y el de la tierra menor que el del cielo.
Vi a la novia avanzar por el pasillo central, entre glamour y destellos que rebotaban en su diadema de diamantes. Vi al novio esperarla en el altar, ostentando una sonrisa boba y un clavel en el ojal. Los vi a ambos, temblando de felicidad, besarse después de la venia del sacerdote, y los vi morir, uno a manos del otro, luego de una sangrienta luna de miel.
Vi, también, al Príncipe Vlad seducir a Wilhelmina. Lo vi servirle licor, cortejarla como solamente saben hacerlo los príncipes. Vi cómo ella se enamoraba, cómo le ofrecía su alma y su cuello. Vi al príncipe transformarse en demonio y ofrecer su fluido vital, deshacerse en mil ratas asustadas y volver de la muerte. Lo vi amar hasta el dolor, desde la sangre y los dientes. Lo vi morder, lo vi huir del sol, y finalmente, descansar en paz.
Tuve el honor de ver a un hombre noble defender al pobre, y a su amada ofrecer su vida por la causa. Vi cómo cazaba ciervos con arco y flecha, y como defendía con su espada la razón y la justicia.
Vi cientos, miles de primeros besos, de pares de ojos brillando de deseo, espaldas desnudas, rodillas temblando y manos danzando. Vi comenzar amores épicos y batallas terribles. Vi a los demonios arder y a los humildes sufrir. Vi a los amores épicos romperse en pedacitos, y a los pedacitos engendrar otros amores o sufrir en silencio.
Vi nevar por infinidad de ventanas.
Vi cien mil lunas llenarse y vaciarse, vi a las nubes hacer el amor con las montañas, a los pájaros rasgar el viento para amarse, piando, entre las copas de los árboles. Vi a los enanos minar la tierra con picos y palas, y a los elfos otear el aire. Vi envilecerse el corazón de los hombres, y ennoblecerse el de las mujeres. Vi a decenas de madres morir por sus hijos, y a otros tantos padres matar por ellos.
Vi a los opresores y a los oprimidos argumentar sus derechos, a los gobernantes sucumbir a la avaricia y a los desterrados regresar, encapuchados, a la tierra que los había despreciado, para salvarla de sí misma.
Vi a líderes en balcones hablar a la multitud, para luego llorar sobre el regazo de sus mujeres el desamparo del poder.
Vi a los niños jugar y reír y correr y saltar y empujarse y mirar con curiosidad y dormir el sueño infantil, ese que los adultos parecen haber olvidado.
Vi a las serpientes hablar, y a los osos cuidar de niños. Vi a la pantera negra acudir al rescate, y al simio gigante demoler edificios.
Vi a los dinosaurios mecánicos acabar a dentelladas con la soberbia humana. A los científicos descubrir y a los políticos pervertir los descubrimientos.
Vi, además, a una reina egipcia hacer crecer el río e invocar a los dioses de la cosecha, y a esos mismos dioses vigilar y castigar por igual a los héroes y a los réprobos.
Vi a los hermanos bromear, a las madres proteger y enloquecer, y a los pueblos arder. Vi a la realidad doblarse en dos, sumergirse en una pesadilla imaginada por máquinas despiadadas, arquitecturada para mantenernos sometidos.
Vi a los países quebrar. A las colonias independizarse y a los imperios caer. Vi a un emperador japonés que no sabía ser niño, y a una niña convertirse en geisha.
Y seguiré viendo.
Soy el ojo que ve sobre el ojo que mira.
Soy la luz en veinticuatro latidos por segundo.
Soy el instrumento de la magia.
Soy yo.

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niñez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cómo no, a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchísimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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Gracias Fede por este nuevo relato que abarca casi todo lo humano desde el ojo de un dios sin párpado que lo ve todo, Solo le fata llorar algún día por haber creado un animal tan…irracional.