El Movimiento para la Expulsión de los Putos Turistas de Catalunya —en adelante MEPTC— llamó a la desobediencia civil en mayo de 2045, solo unos meses después de la publicación, en diciembre de 2044, de un censo de población que reveló que solamente habitaban la demarcación de la Ciudad Condal 27.373 familias y 32.256 vagabundos sin hogar. El resto del parque habitacional estaba en posesión de 317 conglomerados de explotación turística y facilidades vacacionales, agremiados en un consorcio todopoderoso que gestionaba la ciudad y las leyes, desde la disolución voluntaria de la Generalitat de Catalunya en 2037.
De las poblaciones cercanas, principalmente del Vallès y el Baix Llobregat, bajaron hordas de catalanes de quinta y sexta generación (los de tota la vida se limitaron a verlo por televisión desde sus chalets, murmurando “Quina brutalitat!” mientras comían fuet de Casa Tarradellas), empuñando cañones de plasma de mano y antorchas iónicas basadas en argón. Empobrecidos y gentrificados, irrumpieron por la Avinguda Diagonal, la Ronda Litoral y por los viejos túneles del metro, en desuso desde la revuelta de 2038, que acabó con las instalaciones energéticas que movían los trenes subterráneos. No le importó a nadie, porque los turistas se movían en AeroTucTuc.
La visión de la multitud agitando las antorchas iónicas era casi una inspiración divina, como un mar de luces brillantes digno y enfurecido.
Mientras tanto, en la Barceloneta, debajo de los restaurantes ingrávidos que sirven marisco sintético cultivado con sustrato de argón, los turistas asiáticos (chinos, japoneses y coreanos; los otros hacía como veinte años que no tenían dinero para viajar), lideraban la defensa del principal reducto del turismo, apertrechados detrás de la torre Mapfre, que había sido reubicada a la entrada del Passeig de Jordi Pujol —antiguamente Passeig de Joan de Borbó— durante los maremotos de 2034, a fin de preservar su valía como monumento histórico, y fue transformada en el SPA més gran del món.
Desde el Nus de la Trinitat hacia la misma Barceloneta, marchaban bajo estandartes de beligerancia los Honorables Miembros del Movimiento por la Defensa del Turismo Internacional en la Catalunya Moderna. También fuertemente armados con torpedos de protones de corto alcance basados en argón, gases de argonía y lanzas electrificadas de rayos púrpura.
La batalla prometía ser brutal.
Nosotros, como inmigrantes argentinos de quinta generación, vivíamos por esa época en el privilegiado barrio de La Floresta, y como no podía ser de otra manera, trabajábamos asando carnes de impresión sintética al estilo argentino, servidas con papas criogénicas, chimichurri de maní y vino de coco (las uvas se extinguieron mundialmente en 2039).
Todo esto —no vayan a creer— lo sé porque mi mamá, a pesar de vivir del turismo, marchó con el MEPTC, protegida con un exoesqueleto de grafeno basado en argón, que guardaba de su época de militante por la Liberación de los Trabajadores del Turismo, que fueron exterminados en 2042 por el cuerpo de Mossos d’Esquadra.
La apoteosis final se produjo en el Antiguo Moll de la Fusta —para entonces rebautizado como Escollera del Sol Naciente, en honor al ilimitado flujo de yenes que el país nipón aportaba a la economía local. Las tres columnas se encontraron a las puertas de los ascensores que llevan al Parking volador de la Barceloneta, una maravilla de la ingeniería que, a pesar de sostener hasta 130.000 vehículos suspendidos en el aire, deja pasar los rayos del sol para no sumir bajo una sombra inhabilitante a la Playa de los Jeques. El dispositivo de transparencia solar causa unos diez millones y medio de melanomas anuales, pero hasta ahora no se ha podido demostrar, así que más de cuatrocientas cincuenta mil demandas colectivas esperan suerte en las cortes catalanas, bajo la atenta custodia del mismo cuadro de Josep Tarradellas que alguien mandó colgar en 1982.
Los torpedos de protones abrieron la contienda, y fueron repelidos con eficacia por las antorchas iónicas. Se ve que las armas basadas en argón se hacen amigas en la refriega, y no acaban sirviendo para nada.
Yo iba de la mano de Mamá, y estaba muy asustado por la virulencia de la lucha. Ante la reticencia de las armas a pelearse entre ellas, las fuerzas locales luchaban cuerpo a cuerpo, y los asiáticos arremetían con katanas de acero argonado.
Josep Oriol Kakuta, el líder de los asiáticos —aunque catalán de segunda generación, un patán enriquecido trayendo turistas de Asia— fue quien hizo las veces de punta de lanza, abriéndose paso entre la multitud. Pude ver el odio demente en su mirada cuando, de un único y florido envite, partió en dos el cráneo de mi madre con su katana tradicional japonesa, de fabricación china.
Atónito, asustado y en shock, sostuve su mano hasta que dejó de boquear, manchado de su sangre, que me caía en gotas por la frente y la nariz. Ya desentendido de la batalla me senté a verla morir, amándola con anestesia, sin llorar, paladeando el miedo porque comprendía el alcance de su muerte, porque solo tenía seis años, y porque no sabía cómo volver a casa. Josep Oriol, vencedor, con el poderoso pecho descubierto y salpicado de sangre ajena, me rescató, alzándome en brazos en medio del charco de sangre, y conmigo a cuestas abandonó victorioso el campo de batalla.
Hoy, casi cuarenta años después, y en la fecha que conmemora el heroísmo turístico durante la Batalla de la Barceloneta, en nombre de la Corporación Kakuta de viajes interplanetarios, tengo el inmenso honor de darles la bienvenida al transbordador Lionel Messi, que está a punto de llevar el contingente inaugural de Catalano-Japoneses que serán los primeros colonos del planeta Marte. ¡Bienvenidos y abróchense los cinturones de argón!

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niñez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cómo no, a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchísimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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