Marzo 27. Año de nuestro señor 2113.
Biometría inicial finalizada.
Altura, metro setenta y dos.
Peso, ochenta y siete kilogramos.
Longitud del pene erecto, ciento treinta y cinco milímetros. Diámetro, cincuenta y dos milímetros.
Densidad capilar, ochenta y nueve folículos por centímetro cuadrado.
Índice de cogestibilidad, doce punto siete siete tres por ciento.
El procedimiento salió como esperaba. Los médicos insistieron en que la limpieza integral de tubo digestivo, incluyendo reversibilidad de estómago, alisado de laringe y desinfección de intestinos, es imprescindible para que la otredad se perciba limpia por dentro y deseable. No subió el índice de cogestibilidad, que es el que más me interesa, pero un ligero descenso de peso me hace albergar esperanzas.
Noto una disminución leve del sentido del gusto, pero no es grave.
Abril 12, 2113.
Por economía de recurso, solamente reseñaré la biometría actualizada.
Índice de cogestibilidad, catorce punto uno cero ocho por ciento.
El licuado de pupilas, seguido de un entintado de iris azul marino y retensado de pestañas, me acentúa la masculinidad, me depura el rasgo y me proporciona una mirada penetrante y altiva. Puedo confirmar el efecto por la reacción palpable de las señoras de la peluquería. Me sorprendió, no obstante, la falta de respuesta física de la cajera del súper.
Abril 29, 2113.
Altura, metro setenta y nueve.
Índice de cogestibilidad, veintiuno punto ocho ocho cuatro.
La limadura de rótulas, la reorganización de los metatarsos y el posterior estiramiento femoral han sido un éxito sin precedentes. Todos los estudios demuestran que la hembra humana los prefiere altos, y definitivamente estos cuarenta y siete mil créditos imperiales han sido el mejor gasto incurrido hasta ahora. Al caminar, veo todo desde más arriba, y puedo sentir cómo ellas se dan vuelta para verme pasar. Valió la pena el dolor, y el tener que comprar una docena de pares de calzado.
Mayo 17, 2113.
Altura, metro ochenta y uno.
Peso, ochenta y cuatro kilogramos.
Índice de cogestibilidad, veintinueve punto nueve uno ocho por ciento.
El reemplazo de coxis me proporcionó unos centímetros extra. Me duele al sentarme, y el simple acto de defecar se vuelve un suplicio lento. Puedo escuchar crujir mis cabezas de fémur en cada paso, pero definitivamente tuvo sentido. Empiezo a sentir más seguridad en mí mismo, y percibo un incremento cuantificable de las miradas femeninas que recibo durante mis trayectos urbanos. Sobre todo cuando estoy inmóvil, ya que el dolor pélvico me causa un ligero defecto al caminar que mis cirujanos aseguran que desaparecerá con el correr de los meses.
Mayo 22, 2113.
Peso, setenta y ocho kilogramos y trescientos cincuenta gramos.
Índice de cogestibilidad, treinta y siete punto tres tres tres por ciento.
El procedimiento de quemado masivo láser de grasa intramuscular fue como un violín. Me duelen todas las tripas, y cualquier movimiento abdominal me levanta en furia, pero la lipoescultura de abdomen, los implantes de teflón y el reemplazo de pectorales, deltoides y clavículas resultan sencillamente impresionantes. Las mujeres me miran. Hoy, por primera vez, tuve noventa y seis likes en Instagram.
Julio 9, 2113.
Longitud del pene erecto, ciento ochenta y nueve milímetros. Diámetro, setenta y dos milímetros.
Índice de cogestibilidad, cuarenta y dos punto cinco cero cero por ciento. Ajuste de desvío por renovación de dispositivo de medición al Cogetrón 2100, más preciso, moderno y sostenible que su antecesor. Lo vi en TikTok.
El procedimiento de alargamiento de pene es dolorosísimo además de humillante. Lo cortan por dos secciones e injertan tejido esponjoso cultivado previamente en mis propios glúteos, que aprovechando el proceso han sido reemplazados en su totalidad por músculos de toro. La discusión con los cirujanos fue agotadora, porque ellos querían superar los doscientos cincuenta milímetros —con el consiguiente y proporcional aumento de precio en la intervención—, pero las estadísticas dicen que, si bien visualmente resulta más atractivo, un pene demasiado largo intimida a las mujeres a la hora del ejercicio de la intimidad.
Trescientos likes en Instagram y subiendo.
Septiembre 23, 2113.
Peso, noventa y seis kilogramos.
Altura, metro ochenta y siete.
Índice de cogestibilidad, cincuenta y nueve punto dos ocho uno por ciento.
El alargamiento de tibia y peroné, húmero, cúbito y radio me tuvo en cama más de cuarenta días, imposibilitado de movimiento, mientras que la rearquitectura de codos me impidió comer y mover los brazos durante dos semanas, en las que viví como uno de los antiguos Playmobil, con los que mis abuelos jugaban de niños.
Por otro lado, el trasplante de musculatura cultivada en abdomen, bíceps, tríceps, cuádriceps, gemelos y los de la espalda, que no me acuerdo cómo se llaman, me transformaron en una bestia poderosa. Al entrar a una habitación donde hay mujeres, parezco disponer de campo gravitacional propio. Mi espalda ancha en seguida domina la escena, y anteayer una me preguntó la hora, sin que yo diga nada.
Noviembre 29, 2113.
Índice de cogestibilidad, setenta y cuatro punto seis nueve cero por ciento.
El limado de cráneo y la realineación maxilar, la recimentación de pómulos y el trasplante de rostro fueron lo más doloroso hasta la fecha, mientras que el refinado de lengua, que me aterraba, apenas me causó molestias para hablar y comer durante veinte días, y aunque son optimistas, los médicos no aseguran el pleno control de la lengua en la eventualidad de la práctica oral del sexo.
Mis nuevos músculos me proporcionan una potencia casi mágica, y ahora, si bien no me reconozco en el hombre que me devuelven los espejos, y eso me proporciona frecuentes microataques de pánico, en cambio soy hermoso. Mi sonrisa es deslumbrante, porque el reemplazo completo de dentadura sumado a la escultura de labios me dejó como nuevo.
Diciembre 26, 2113.
Me dieron el alta. Esta mañana borré todas mis fotos antiguas, porque ya no soy esa persona. Mi cuerpo se siente prestado, de otro, pero con mi índice de cogestibilidad de casi el setenta y cinco por ciento, las mujeres me miran, sonríen e interactúan conmigo de forma notoria.
Media diaria de setecientos ochenta likes en Instagram, y doscientos mil seguidores en TikTok, además de múltiples matches en Tinder.
Algo en mí no termina de acomodarse. Supongo que no es más que la sensación de que el mundo entero se comporta distinto. A pesar de eso, como prometía la campaña publicitaria, y como me aseguraron los médicos, ya estoy listo para encontrar a alguien que me quiera como soy.
Enero 3, 2114.
Índice de cogestibilidad, setenta y cuatro punto seis nueve cero por ciento.
Índice de soledad: cien por ciento.

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niñez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cómo no, a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchísimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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… índice de cogestibilidad, menos diecinueve punto seis cinco cero por ciento….
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