Me da bastante vergรผenza contarlo acรก, frente a toda la sala, pero creo que a esta altura hace falta. Ya no por mรญ. Ni siquiera por mis hijos. Por el paรญs entero, por la supervivencia del conjunto. Espero que no me juzguen con severidad, porque por aquel entonces apenas cumplรญa yo los diecisรฉis aรฑos. Era casi una niรฑa, con coletas a los costados y aparatos de metal en los dientes que sobresalรญan como un alambre de pรบas haciendo de frontera de mi boca adolescente, y las rodillas peladas de lastimaduras que me hacรญa por las tardes, arrodillada en el patio de la escuela, hablando de chicos con mis amigas, mientras soรฑรกbamos amores imposibles y romantizรกbamos el sexo con una ignorancia enciclopรฉdica. Y no saben, estimados miembros del consejo, cuรกnto me arrepiento.
Todavรญa no habรญan llegado las redes sociales ni los selfies ni los likes ni nada de eso. La inocencia existรญa, lo juro. El asunto es que una tarde de marzo, como quien no quiere la cosa, mis amigas y yo tomรกbamos un helado de dulce de leche en la heladerรญa del barrio, la que estรก en la esquina de Necochea y 20 de Septiembre. ยฟO era Caboto? Bueno, no importa en realidad.
Bruno detuvo la moto en la puerta, y nosotras, sentadas en el banco de la calle con los helados en la mano, nos reรญmos como tontas, celebrando el simple hecho de que รฉl era un hombre y tenรญa una moto.
Puso la pata de cabra y bajรณ haciรฉndose el lindo, que la verdad es que lo hacรญa muy bien. Era muy lindo el pibe. Una sonrisa como un sol de verano, amplia y llena de dientes blancos.
Sรญ, sรญ, no me voy por las ramas.
Me preguntรณ si querรญa dar una vuelta en la moto, y para hacerme la grande con mis amigas, tirรฉ el helado a la basura y me subรญ, fingiendo una seguridad que no sentรญa. Le rodeรฉ el pecho con los brazos. Era fuerte y protector. Sentรญ un calor nuevo en la entrepierna y me puse colorada, pero por suerte nadie me vio. Empezรณ un otoรฑo de paseos en moto por la Reserva Ecolรณgica, los carritos de la costanera, Palermo viejo โque todavรญa no era un nido de hรญpsters resentidos y jipis con OSDEโ, Pompeya y otros lugares romรกnticos de la ciudad. No sรฉ cรณmo pasรณ, pero al ratito ya lo estaba besando. No con besitos de niรฑa, sino con bocados de mujer. En unas semanas me habรญan dejado de interesar los chismes del barrio, las amigas y los paseos en patines, y cambiรฉ las dos coletas por una media melena sexy que me caรญa sobre la mejilla izquierda.
Un dรญa me invitรณ a subir a su casa. Los padres no estaban. Empezamos a besarnos, pero no como siempre, o sรญ, pero con mรกs pasiรณn. La cosa se calentรณ. Mucho. Y รฉl me pidiรณโฆ Me da vergรผenza. Me pidiรณ que se la chupara. Dijo que las chicas grandes hacรญan eso por sus novios. Que me tenรญa que arrodillar y quitarme la remera y el corpiรฑo, y hacerle mimitos con la lengua en la punta.
Creรญ que me iba a morir, pero al mismo tiempo no supe decirle que no.
Lo hice.
รl empezรณ a gemir, y cada ratito miraba el techo y respiraba hondo, y la verdad es que se sentรญa muy excitante, y entonces me envalentonรฉ, abrรญ un poquito mรกs la boca y empujรฉ hasta el fondo.
Y ahรญ se fue todo a la mierda.
El alambre de los aparatos se le enganchรณ en el frenillo. รl gritรณ, y por instinto tirรณ con la cadera hacia atrรกs, arrastrando mi cabeza. Sentรญ que me iba a arrancar las muelas, y al instante el sabor de la sangre me inundรณ la boca. Me asustรฉ y tirรฉ yo tambiรฉn, desgarrรกndole el prepucio entero y manchรกndolo todo de sangre.
No fue hasta despuรฉs, cuando le explicaba a la ambulancia por telรฉfono lo que habรญa pasado, cuando me di cuenta de que me faltaba el alambre de toda la mitad superior de la boca. Aterrada, me acerquรฉ y lo mirรฉ. El glande y el prepucio parecรญan los restos masticados de un ataque de tiburรณn, macabramente ensartados en un alambre que Dios sabe cรณmo se enredรณ tanto.
Me desmayรฉ.
Llegando al hospital, aquello parecรญa ya una sandรญa mal cortada a trompicones, y supuraba pus y un lรญquido viscoso y espeso que no sรฉ quรฉ era.
Le diagnosticaron alergia severa al zinc. Entrรณ a quirรณfano enseguida, pero despuรฉs de trece horas de operaciรณn tuvieron que amputarle el pene.
Claro, nunca mรกs me hablรณ, pero pude seguir su carrera por la tele. Empezรณ organizando actos de apoyo a los hombres emasculados, recaudando dinero para obras benรฉficas, investigaciรณn en prรณtesis y terapias de aceptaciรณn de la impotencia y la pรฉrdida dramรกtica del pene. Iba ganando popularidad a toda velocidad, y parecรญa tener buenas intenciones. Le fue tan bien que formรณ la Agrupaciรณn de Miembros Desmembrados. Un aรฑo despuรฉs, trescientos cincuenta mil afiliados le proporcionaban visibilidad y financiamiento.
Despuรฉs vino la รฉpoca del feminismo, y todo eso, los actos del 8 de marzo y las marchas con los paรฑuelos. Y รฉl se puso al frente de una agrupaciรณn de hombres que estaban en contra de todo. Estaban enojados. Pensaban que las mujeres somos malas y que hacemos las cosas para lastimarlos.
Y no parรณ de sumar apoyo, era una locura.
Cuando ganรณ las elecciones, hace tres aรฑos, no lo pude creer. Ya se acordarรกn lo que pasรณ. El cincuenta por ciento del presupuesto nacional se repartiรณ entre el Instituto Nacional para el Desarrollo de Penes Biรณnicos y el gasto militar. La educaciรณn y la salud prรกcticamente se eliminaron.
Cuando decidiรณ cerrar el Congreso y suspender las garantรญas civiles, creรญ que me iba a volver loca. Por esa รฉpoca tambiรฉn prohibiรณ los movimientos feministas, los paรฑuelos al cuello y el desayuno con granola. Un disparate.
Despuรฉs le declarรณ la guerra a la OTAN entera y a la Uniรณn Europea, pensรฉ que no tenรญa con quรฉ hacerlo, pero resulta que รฉl, con la plata de la educaciรณn, habรญa reclutado un autรฉntico megaejรฉrcito de varones fanรกticos, y lo siguieron a esa cruzada sin sentido.
El resto ya lo saben. Hace ocho meses que vivimos bajo tierra, y el invierno nuclear azota el paรญs. No hay comida y casi nada de agua. Por todo eso, y porque necesito que mis hijos sepan la verdad, decidรญ contarlo.
Es todo culpa mรญa, lo reconozco y lo asumo. Pero les juro, honorables consejeros, que nunca, ni bajo la peor de las amenazas, ni aunque mi vida dependa de eso, volverรฉ a chupar una pija.

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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