โNo seas impaciente, pendeja โme dice.
No es impaciencia. Es que verlo ahรญ, sin camiseta, con el faso humeando en los labios, torcido, y los abdominales en una exhibiciรณn obscena de carne, me hace zapatear las hormonas. Me siento expuesta bajo su mirada. Veo sus pupilas apuntar directo a mis pezones, que se refugian bajo tres capas diferentes de tela, pero aun asรญ adivino su erecciรณn, la de mis pezones, digo. Me duele en ellos el roce del corpiรฑo, y la humedad se asoma sin pedir permiso a mi ropa interior.
โNo me digas pendeja. No me maltrates.
Sonrรญe y recupera de su boca el cigarrillo, con el filtro mojado como mi bombacha, a medio fumar. Lo veo entre sus uรฑas agrietadas, de mecรกnico. Una sombra de grasa negra entre el รญndice y el mayor me pone mรกs perra todavรญa, pero por alguna razรณn no quiero ceder a sus urgencias, aunque hoy sean tambiรฉn las mรญas. No me gusta que me maltrate, que me diga pendeja, aunque eso me caliente como loca.
Ojalรก en algรบn momento los hombres terminen por entender el erotismo femenino, en el que algo puede ser dulcemente ofensivo, y a veces es como una comedia trรกgica, con papeles que se intercambian, con prohibiciones y permisos que juegan y cambian de idea.
Me quiero ofender mรกs, quiero abofetearlo como en una telenovela de รฉsas que les gustan a los mejicanos, y gritarle que soy suya mientras le araรฑo la espalda y le muerdo las orejas.
โQue no te diga pendeja, decรญs โsonrรญe, mรกs cretino todavรญaโ. ยฟY quรฉ vendrรญas siendo, entonces? No sรฉ si abrirte de piernas o sonarte los mocos.
โTengo veinte aรฑos, idiota.
โPor eso. Pendeja.
Me siento en la cama. Tengo ganas de llorar, pero no quiero que se de cuenta. Hay algo orgรกnico en mi infelicidad instantรกnea, en la humanidad con la que me ataca.
Los dos sabemos que esto no es mรกs que una trampa que no deja para maรฑana sino una sensaciรณn de vacรญo, un poco de tristeza y algo de nostalgia culpable.
โSeguรญ asรญ, pelotudo. Hoy te quedรกs sin mojar.
โยฟTe creรฉs que me importa, pendeja? Tengo doscientas como vos haciendo cola para culear conmigo.
Dejo que el silencio juegue un papel mientras gano tiempo. En realidad, necesito de toda mi concentraciรณn para evitar que se me caigan las lรกgrimas y los mocos.
Es trece de febrero, y el muy tarado me habรญa prometido que maรฑana รญbamos a cenar al lugar ese de la avenida Boedo, el que estรก todo pintado de rosa y rojo y tiene sombreros de colores en las paredes. El dรญa de San Valentรญn ponen velas por todas las mesas y queda muy romรกntico.
Yo le habรญa prometido que despuรฉs de cenar le iba a dar la cola.
Me da un poco de miedo porque soy virgen de atrรกs, pero sรฉ que para algunos hombres es como una prueba de amor. Y lo amo, por mรกs tarado que sea. Apaga el cigarrillo y se acerca.
Se me acelera el pulso. Escucho latir mi corazรณn en las sienes, como si alguien me martillara, y un calor insoportable me inunda la ingle. Veo nublado. ยฟPor quรฉ estรก tan bueno, el pelotudo?
โDale, tonta. Sabรฉs que te morรญs de ganas.
โVos seguรญ diciรฉndome pendeja y tonta. Asรญ te vas a ir a coger a la puta que te pariรณ.
โยฟSabes que me calentรกs cuando te ponรฉs rebelde? Igual, pendeja โsonrรญeโ. Pero lindรญsima. Tenรฉs carita de pan, ojitos de voy a llorar, y te seguรญs haciendo la fuerte y la que no te importa, pero en el fondo te morรญs porque te desparrame por el suelo.
โNada que ver.
โยฟSegura?
Se acerca. Yo sigo sentada en el borde de la cama, y รฉl se para frente a mรญ. Tengo su bulto a treinta centรญmetros de la cara, y eso me pone putรญsima. Lo sabe, el muy hijo de puta. Lo sabe.
โSegurรญsima. Salรญ de acรก. Sos un forro. No me respetรกs.
โยฟNo? ยฟY la pulserita que te regalรฉ quรฉ, pendeja?
โLa pulserita la podรฉs agarrar cuando quieras y metรฉrtela en el orto. ยฟTe pensรกs que una pulserita es respeto? Respeto es que me trates de igual a igual, que no me infantilices, que no te aproveches de que soy tan boluda que me enamorรฉ de vos. Respeto es que seas sensible a mรญ, y la realidad es que sos un pajero. Solo pensรกs en ponerla y el resto te importa un huevo.
Se queda pensativo unos segundos, y entonces se arrodilla frente a mรญ, mirรกndome a los ojos. Pone ambas manos en el costado exterior de mis muslos, y lentamente empieza a desplazar mi pollerita de jean hacia arriba, con esas manos brutas, los dedos enormes. Me encantan esos dedos. Me siento temblar. Me mira a los ojos el muy forro y me hace derretir.
โParรก โme escucho decir. De alguna manera que no fue intencional suena a todo lo contrario.
Siento otra vez sus dedos meterse bajo el elรกstico de mi bombacha, y por un instante me da vergรผenza, porque me acuerdo que en lugar de la negra de encaje, hoy tengo puesta una bombacha cรณmoda, blanca con florcitas celestes.
โParรก โvuelvo a decir.
โSi querรฉs que pare sacame las manos.
Siento como tira hacia abajo. Algo se traba y entonces me pone las dos manos bajo el culo, me levanta unos centรญmetros como si no pesara nada, y para cuando me quiero dar cuenta mi bombacha estรก del otro lado del cuarto. Siento como me pongo colorada.
โParรก.
Sigue arrodillado. Me separa las piernas con sus manos. Se detiene. Me mira a los ojos y parece un lobo bueno. Tiene unos dientes tan lindos.
โยฟParo?
Pregunta con los ojos, como un perrito mojado.
โNoโ respondo, despuรฉs de unos segundos.
Entonces baja la cabeza, y por primera vez desde que estamos saliendo, hunde su nariz en mรญ. Siento su lengua recorrerme como el tentรกculo de un pulpo travieso. Separo las piernas y por un instante temo ahogarlo de lo mojada que estoy. Me tiro hacia atrรกs.
โPendejoโ susurro.
Dos horas, o quizรก dos dรญas, o veinte minutos despuรฉs, no lo sรฉ, emergemos juntos como de un sopor extraรฑo, en pelotas, empapados, enchastrados de mis jugos y los suyos, derrochando unas sonrisas de las que no se ven.
โMe encanta cรณmo te ponรฉs cuando te enojรกs. ยฟPor quรฉ te molesta tanto que te diga pendeja?
โPorque sรญ.
โPendeja.
โยกParรก, pelotudo! ยฟNo ves que empecรฉ a ser adulta el otro dรญa?

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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