La luz de la luna se colaba por la ventana. Parece ser que los humanos, cuando les da por las cosas del amor, no se acuerdan ni de cerrar las cortinas para tener un poco de privacidad.
Mostachol, como todas las noches, observaba desde su atalaya a los pies de la cama. Siempre en posiciรณn de esfinge, con las zarpas dentro del retazo de tela cuadrada que Eugenia le dejaba en la cama, sabiendo que, por obra de una fascinaciรณn geomรฉtrica, permanecerรญa dentro del perรญmetro. Al menos casi siempre.
El problema, esa noche en particular, fue que Eugenia estaba de un humor juguetรณn. Entonces se puso casi a cuatro patas, aferrรกndose con ambas manos al cabecero de la cama, luciendo el culo en pompa para tentaciรณn de Josรฉ Carlos. รl, poseedor de un estado de forma mucho mรกs que aceptable, confiรณ en la potencia de sus gemelos, la fuerza de sus muslos y sus caderas, y su proverbial sentido del equilibrio, para ponerse de pie sobre el grueso colchรณn, entreabrir las piernas y penetrar a Eugenia desde atrรกs, semiagachado. Fantaseando con los videoclips pornogrรกficos en los que solรญa apoyar su pobre imaginaciรณn a efectos de masturbarse, se puso genitales a la obra, presto y raudo.
Mostachol, sin maullar, observaba la escena con plena atenciรณn felina.
Eugenia, como correspondรญa al caso, comenzรณ a gemir con mรกs arte que placer, y mรกs para beneplรกcito de Josรฉ Carlos que por necesidad.
Josรฉ Carlos, completamente compenetrado en su papel de alfa, imprimiรณ ritmo a los vaivenes de su cadera, acelerando todo lo que la tensa musculatura de su tren inferior le permitรญa.
En esa posiciรณn, con las piernas bastante separadas sobre la grupa de Eugenia, inclinado sobre su espalda, y con las manos apoyadas en la cadera de su amante, los testรญculos de Josรฉ Carlos sobresalรญan del bulto formado por ambos cuerpos, colgando obscenamente.
Comenzaron a balancearse rรญtmicamente, como una piรฑata tentando a los niรฑos a golpearla con el palo de escoba.
Mostachol, como no podรญa ser de otra manera, fijรณ la vista en la bolsa escrotal, tensando todos sus tendones felinos, alerta. Abriรณ la boca en un maullido quedo y amenazador, que Josรฉ Carlos y Eugenia, dados como estaban al fornicio, o bien no escucharon o bien eligieron ignorar.
โยกMรกs fuerte! ยกDame mรกs fuerte! โgimiรณ en voz alta Eugenia, metida de lleno en el papel.
Josรฉ Carlos, alentado por la evidencia de su hombrรญa, acelerรณ aรบn mรกs el ritmo. La nueva velocidad alterรณ un poco su eje de gravedad, asรญ que adelantรณ las manos sobre la espalda de Eugenia, descargando en ella una ligera parte de su peso, para hacer mรกs soportable el tenso equilibrio que la posiciรณn demandaba.
Sus testรญculos, claro estรก, sobresalieron un poco mรกs, colgando en un รกngulo perpendicular a la cama, a partir del cual se balanceaban hacia atrรกs y adelante, casi como un columpio doble en la entrepierna del hombre.
Mostachol no se perdรญa una sola iteraciรณn del bolamen bamboleante, amenazรกndolo con los dientes. Erizรณ el lomo, tensรณ la cola, y se aprestรณ al salto.
Mientras tanto, Josรฉ Carlos, ignorante de tal peligro, disfrutaba de las delicias del coito, aunque intentaba imaginar, dentro de sus limitadas posibilidades, un cambio de posiciรณn que pudiera proporcionarle una tregua fรญsica, pero sin que pareciese que no era lo bastante hombre, o lo bastante fuerte, o lo bastante macho.
Como era habitual en รฉl, no se le ocurriรณ nada.
Mostachol no pudo resistir mรกs la tentaciรณn hipnรณtica de las pelotas rebotando del humano entusiasmado, y, sincronizรกndose con el punto mรกs alto y lejano al cabecero de la cama, es decir, el momento en el que el escroto describรญa el mรกximo arco posible con la actual correlaciรณn de fuerzas, se lanzรณ al ataque con la zarpa derecha.
La garra de Mostachol atravesรณ la bolsa escrotal como si fuese papel de calcar, perforando en el camino una arteria, y yendo a clavar dos de sus cuatro uรฑas proyectadas de lleno en el testรญculo izquierdo, que era, a la sazรณn, el mรกs voluminoso.
Un chorro de sangre, disparado con potencia volcรกnica, saltรณ desde la entrepierna del musculoso homรญnido disparado hacia el techo, cubriendo de salpicaduras las cortinas, la coqueta pantalla de la lรกmpara de noche y, por supuesto, parte del cuerpo de Eugenia.
Josรฉ Carlos gritรณ.
Gritรณ fuerte, incorporรกndose violentamente sobre sus dos piernas.
Al levantarse, Mostachol permaneciรณ enganchado a su testรญculo el tiempo suficiente para salir despedido hacia delante, donde se encontraba la cabeza de Eugenia, quien, asustada, intentaba voltearse a ver quรฉ estaba ocurriendo, con tan mala fortuna que la zarpa delantera izquierda de Mostachol se aferrรณ a la mejilla, izquierda tambiรฉn, de Eugenia. Las cuatro uรฑas penetraron la piel del rostro profundamente, con la precisiรณn de un pentagrama, pero solamente de cuatro lรญneas. Tenรญa Mostachol las garras tan afiladas, que los cuatro cortes fueron casi quirรบrgicos, agregando un esperpรฉntico nuevo chorro de sangre a la escena, ya de por sรญ dantesca.
Eugenia, dolorida, se incorporรณ velozmente. Haciendo un movimiento difรญcil de explicar, mientras intentaba llevarse las manos al rostro malherido, y al mismo tiempo incorporarse en la cama, fue a dar de lleno con la frente en la barbilla de Josรฉ Carlos, causรกndole una triple fractura del maxilar inferior, ademรกs de una mordida involuntaria sobre la propia lengua, que produjo un tajo lateral sobre la misma, y un nuevo y aparatoso chorro de sangre.
En la guardia del hospital, a los mรฉdicos les costรณ muchรญsimo conseguir que, entre ambos heridos, una vez inventariadas las lesiones y hechas las suturas correspondientes, narrasen una historia creรญble y coherente, para descartar otras clases de violencia mutua o prรกcticas sexuales no consentidas.
Ni los familiares cercanos, ni los amigos, ni los contactos frecuentes del telรฉfono mรณvil de Eugenia quisieron pasar por la casa a limpiar un poco y alimentar a Mostachol, que pobrecito no tiene la culpa de nada.
A las cuatro y media de la maรฑana, aรบn bajo la luz de la luna, Mostachol, en paz con su alma, se lame la sangre remanente de las patitas.

Federico Firpo Bodner, tambiรฉn conocido comoย Pilo, oย Pilux, es, por definiciรณn y elecciรณn, Rioplatense de nacimiento. Naciรณ en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1973. A finales de 1974 su familia se instalรณ en Buenos Aires, donde residiรณ hasta mayo del aรฑo 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Lector insaciable y escriba aficionado desde la niรฑez, el autor se declara seguidor incondicional de muchos autores. Por nombrar a algunos, citaremos, cรณmo no, a Gabriel Garcรญa Mรกrquez, Julio Cortรกzar, Paul Auster, Roberto Arlt, Felisberto Hernรกndez, Macedonio Fernรกndez, Manuel Puig, Mark Haddon, Eduardo Mendoza, Manuel Vรกzquez Montalbรกn, Raymond Carver, Truman Capote, Fedor Dostoievsky, Raymond Chandler, Patrick Rothfus, Brandon Sanderson y muchos, muchรญsimos otros y otras que en este momento se esconden en las trampas secretas de la memoria.
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Mostachol es my hรฉroe!
Necesitamos un spin-up por capรญtulos de las operaciones quirรบrgicas del ยซbisturรญ gatunoยป.
ยกLarga vida al rey Mostachol!
Por cierto, excelente imagen!!!!